martes, 27 de octubre de 2009

Albalat resurge ocho siglos después

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Los restos encontrados en la antigua ciudad musulmana, en una primera campaña de sondeos, animan a seguir excavando en el yacimiento medieval próximo al río Tajo
Romangordo( Cáceres ) 27/10/2009 MIGUEL ÁNGEL MARCOS - Hoy Digital
Es como si hubiera despertado de un largo sueño. Un sueño que ha durado más de 800 años. Desde que los últimos pobladores abandonaron la ciudad musulmana de Medina Albalat, entre los siglos XI y XIII, hasta que hace unas semanas salieron a la luz nuevos restos de lo que fue. La capital de una provincia árabe.
Un torreón y trozos de una muralla advertían que «allí hubo algo», como conocen de toda la vida vecinos de Romangordo, de Casas de Miravete, de Higuera, de Almaraz. Y más en profundidad los historiadores de la zona que han investigado su pasado y que saben de la importancia que tuvo este enclave, situado junto al río Tajo, a pocos metros de la antigua carretera Nacional V en dirección al puerto de Miravete.
Ese abandono de tantos años, de siglos, puede estar tocando a su fin, puesto que la enigmática ciudad de Albalat está llamada a convertirse en un referente histórico, patrimonial y hasta turístico de la comarca del Campo Arañuelo si se decide continuar adelante con las excavaciones que se han hecho en las últimas semanas a modo de prospección para conocer si merece la pena plantear un proyecto más serio.
Casa de Velázquez
La reciente campaña de sondeos, que se ha realizado para evaluar el potencial arqueológico del yacimiento, se ha hecho a través de un convenio entre el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Casa de Velázquez, que aportó buena parte de la financiación necesaria. A ellos se sumó el Ayuntamiento de Romangordo facilitando alojamiento a los voluntarios que tomaron parte, en su mayoría estudiantes universitarios extremeños y de otros puntos de España. Además era necesario contar con la autorización de la consejería de Cultura para poder acometer los trabajos y de los propietarios de los terrenos, que están en manos privadas.
Aunque si hay que personalizar en alguien las excavaciones que se han llevado a cabo -y el esperanzador futuro que se abre a la antigua cora musulmana- es en la arqueóloga francesa Sophie Gilotte. Tan menuda de físico como apasionada de su trabajo, estaba convencida de que allí tenía que haber algo interesante.
«Se conoce de toda la vida que hay un yacimiento y se sabía que había una necrópolis porque hace unos años aparecieron lápidas funerarias, aunque no se pudo excavar al subir el agua y cubrirlo todo», explica. «Este yacimiento es mucho más que una simple muralla, y queríamos sacar cosas que nos dijeran quien lo habitó y como evolucionó. El principal interés radica en que el poblado apareció y desapareció en época medieval. Nunca hubo una ciudad que se implantó encima, como ocurre, por ejemplo, en Mérida o Badajoz, que todo es superpuesto. Aquí hay un despoblado, con la torre, parte de la muralla y poco más».
Excavación a mano
Con esa corazonada, y más ilusión que días por delante, el equipo de Gilotte empezó a excavar. Con las manos, puesto que la tierra es muy dura. «Con mucha cautela, con método arqueológico», apunta en un perfecto castellano. El trabajo dio sus frutos con la aparición de parte de un espacio doméstico con una zona baja, «que puede ser un patio o un sótano», con una escalera y que pertenece a una estructura más grande.
«Tenemos una visión pequeñita y muchas hipótesis, señala observando los restos encontrados. En cualquier caso es muy positivo, porque la pared de piedra conserva su altura original. Lo que falta es la elevación de tapial o de tierra. Además se han encontrado niveles de cerámica que indican que aquí vivió gente y una fosa silo donde se almacenaba la cosecha. Todo muy bien conservado. Mucho más de lo que podíamos esperar. Ya tenemos algunos datos para justificar seguir adelante, que era lo que pretendíamos».
Pero es que además de los restos de esa vivienda -localizados en un cuadrado de 3x4 metros y que dan a entender que tiene que haber muchos más- las excavaciones han permitido constatar que la ocupación humana no se reducía al recinto amurallado.
Fuera de la muralla, hacia el río, existía un barrio de casas ocupado en el siglo XI que «probablemente desapareció o se abandonó cuando los cristianos tomaron Coria, Talavera de la Reina y Toledo y aquí las cosas se pusieron más complicadas». También se ha limpiado una pequeña parte de la muralla.
Antes de terminar nuestro recorrido por el yacimiento Gilotte destaca un último descubrimiento. Un edificio que apareció fuera de la muralla, a orillas del río, que en su opinión revela la importancia que tuvo el asentamiento en su día. Un baño. Y no uno cualquiera, sino el primero de este tipo que se documenta en Extremadura. «Es una estructura muy normal en el ámbito musulmán, pero en Extremadura, de momento, no se había documentado ninguno. Eso ya es bastante característico de cierto nivel de vida y de ámbito urbano. Está bien conservado, al mantenerse parte de la elevación de las paredes, el suelo de piezas de pizarra grandes y bien cortadas, el hipocausto y el horno. Tenemos un baño completo».
Campañas más amplias
A la vista de lo encontrado, pero sobre todo de lo que se adivina que puede encontrarse de seguir excavando, la arqueóloga francesa cree conveniente hacer una campaña más larga, puesto que las tres semanas que ahora se ha trabajado era para evaluar el potencial del yacimiento.
Todo eso se reflejará en un exhaustivo informe en el que figuran los resultados de la prospección, información gráfica, fotografías y una conclusión final que dice que «tenemos que seguir excavando, como hay que hacerlo, con qué medios y con cuanta gente. Aquí hay trabajo para años», vaticina.

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