lunes, 8 de abril de 2013

Abd al-Rahman Ibn Marwan


Badajoz , 08/04/2013 - www.lusipedia.blogspot.com



FUENTE: Manuel Terrón Albarrán. Extremadura Musulmana

Ibn Marwan es una de esas figuras señeras e irrepetibles de los fastos de la Extremadura musulmana que, junto a las de Mahmüd, al-Muzaffar, al-Mutawakkil o Geraldo Sem Pavor, componen ese intrépido y monumental retablo histórico de nuestros hazañosos siglos medievales.

Abd al-Rahman b. Muhammad b. Marwan, fundador de Badajoz y artífice de su capitalidad, sin cuyo antecedente no se hubiera producido como eje del reino aftasí —génesis de una concepción geohistórica cuyas contingencias políticas sobrevivirían permanentes— aparece, con su silueta errante y legendaria, como uno de esos hombres dramáticos que el destino coloca en el mágico e ininteligible juego de la historia: tal es la importancia que damos a nuestro personaje. Y lo hacemos convencidos de que, al escribir historia, estamos valorando no sólo unos acontecimientos —necesarios siempre a la primera persona del discurso— sino a sus resultados, no tan solo inmediatos sino futuros, porque esos son los que, en un encaro planetario de la historia, permiten que esta sea entendida en su más asombroso mensaje.

Dozy, que llamó a Ibn Marwan renegat audacieux, le dedicó algunas sabrosas páginas de su Histoire des musulmans d'Espagne; Codera hizo un detallado y completo resumen de sus hechos y su familia en su opúsculo Los Benimeruan en Mérida y Badajoz; Lévi-Provençal ajustó sus hazañas en su Historia de la España Musulmana utilizando pasajes inéditos de Ibn Hayyan; Sánchez Albornoz le dedicó dos densos y apretados capítulos de su obra El Reino de Asturias; Isidro de las Cagigas ofreció tensos pasajes de sus Mozárabes; el profesor cairota Makki, en su edición del Muqtabis II de Ibn Hayyan, aclaró en sus notas textuales algunos aspectos históricos y biográficos, y anunció un específico ensayo sobre la revolución del muladí en Orientalia Hispánica. Los cronistas musulmanes Ibn al-Qütiyya, Ibncldari, Ibn al-Atlr, Ibn Jaldün, Ibn Hayyan, nos han dejado completos y suficientes relatos sobre las vicisitudes de los Banü Marwán los que, con el aprovechamiento de los textos de Ibn Hayyan no traducidos aún, nos permiten ajustar no poco los movimientos y escenarios por donde el intrépido cabecilla anduvo. No contamos, empero, por estar desaparecida, con la crónica dedicada a nuestro personaje por al-iRazi, contemporáneo de los Banü Marwan, de la que da cumplida noticia la Risála fl fací al-Andhlus de Ibn Hazm. Algunas noticias escuetas de los acontecimientos nos dieron los cronistas cristianos: el Albeldense, el Chronicon Lusitano, el de Sampiro y Ximénez de Rada.

Los cronistas y autores llaman a Ibn Marwan, al-Yilliql, es decir el gallego. Al-Dabbi señala que Ibn Marwan era hijo de Marwan al-Yilllql nombre que tomó de su país, lo cual no quiere decir que Ibn Marwan fuera oriundo de lo que hoy conocemos por Galicia, pues si los geógrafos musulmanes nunca llegaron a distinguir netamente Galicia, los historiadores árabes incluyen bajo la denominación de Yilllqíyya tanto a Galicia como Asturias y el reino de León. Por tanto, lo que viene a significar todo esto es que el más próximo ancestro, en todo caso, de nuestro personaje procedía de los reinos cristianos. Se ha entendido por algunos historiadores que el hecho de que apareciera en Marida un primer Yilllql, impide que tal apodo recayera en nuestro Ibn Marwan por su alianza con el asturiano Alfonso III. Ya Dozy, y más tarde Simonet hicieron esta acotación, mientras Codera había hecho la otra; el historiador badajocense Martínez y Martínez se guió de Dozy, y tuvo a mano una nota posterior de Codera, proporcionada por Saavedra que le hizo rectificar. Pero en este punto, a pesar de todo y de lo contradictorio que pueda resultar su texto, Ibn Jaldun lo expresó con una claridad tajante en un texto que viene a decir, tras la sublevación de Ibn Marwan en el 868, que al efectuarse —por el emir Muhammad— una expedición militar contra los gallegos, uniéronseles los muladíes (a Ibn Marwan) con quienes se dirigió a la frontera y pactó con Alfonso III, rey de dichos gallegos, causa por la cual a Ibn Marwan se le aplicó el apodo de el Gallego. El otro sobrenombre, al-Maridí, evidencia que era de Mérida. Desde tiempos atrás debió establecerse en esta ciudad su familia, oriunda, sin duda, de los pagos cristianos del Norte de Portugal, o de cualquier otro espacio de los reinos de León o Asturias.


Ibn Marwan al Yilllql era un muwallad, un muladí, es decir un renegado de su religión que, mediado el siglo IX, vivía en Mérida y al que, bien pronto, debió brotarle ese sentimiento de rebeldía e independencia que centelleaba en el alma tensa y abrupta de los extremeños. Volvería con él, nunca fue olvidado, ese dramático nacionalismo de raza y paisaje que alentaba en el miajón de los terruños del Guadiana, y que reverdecía en inversa proporción a las represiones omeyas; Cagigas compara el sentido patriótico de la sublevación de Marwan, de cuño nacionalista, con aquel que presidió la postura de Suintila o los mozárabes toledanos. Encontraba Ibn Marwan una vez más en Mérida esa población abigarrada de beréberes levantiscos, muladíes aventureros, judíos cosmopolitas y mozárabes cuyo hispanismo se mantenía llameante. Supo el intrépido caudillo aprovechar los arraigados nudos religiosos de cada facción y mixturarlos en una urgente y maniobrera combinación política. Codera al que siguieron Cotarelo y Martínez y Martínez, uncido este más literalmente a Simonet, señaló unos posibles yerros de Dozy continuados por Simonet que rectificó enseguida, al interpretar pasajes de Ibncldarl e Ibn Hayyan según los cuales nuestro personaje predicó entre sus adeptos, para conseguir sus fines, una nueva religión, término medio entre islamismo y cristianismo.

No podemos, a la luz de nuestras fuentes cronísticas, precisar con justeza la frontera religiosa flanqueada por Ibn Marwan entre secuaces de tan dispares convicciones. Pero no dudamos en que el muladí emeritense hubo de apoyarse en compleja base político-religiosa que permitiera una cohesión suficiente para asegurar sus difíciles éxitos. Tal fuerza de cohesión es señalada por los propios cronistas: los graves acontecimientos dentro del Islam que dice Ibn al-Qütiyya no parecen indicar otra cosa. Isidro de las Cagigas más recientemente resucitó el tema, afirmando esta iniciativa y actividad religiosa a la vista de la configuración ideológica de aquel tiempo, lleno de indecisiones y errores heréticos, confundidos y mezclados entre musulmanes y cristianos; ensayos y reformas hoy disparatados, no se tenían entonces por tales. Prueba concluyente del coherente movimiento de Ibn Marwan fue la larga duración de su principado a pesar de las violentas represiones omeyas.

Es indudable que uno de los grandes apoyos del bravo muladí, el que era un neomusulmán, un muwallad, fueron precisamente los cristianos. Veremos más adelante como cristaliza este apoyo. No sólo se sirvió de ellos en sus filas sino que además se alió con Alfonso III y llegó a combatir a su lado. Esa es la razón por la que Ibn Hayyan escribía que se alejó de las filas musulmanas para entrar en las de los cristianos. Prefirió su amistad y su alianza a la de los fieles que se dirigen en sus oraciones hacia la qiblah..., para añadir seguidamente este texto expresamente significativo: su política estaba orientada en sentido netamente español, es decir, daba preferencia a los muladíes y los prefería a los árabes. Quedan así ratificadas las palabras de Ibn al-Qütiyya de que llegó a ser el jefe de los renegados en el Occidente. Pero Ibn Marwan se acomodó, no obstante, a los cambios oportunos. Cuando obtuvo licencia para reedificar Badajoz se pasó otra vez a las filas islámicas y luego volvió a la rebeldía.

Los cronistas musulmanes nos ofrecen un duro y expresivo retrato de nuestro personaje, pasado, naturalmente, por filtros no poco parciales. Pero sus textos descubren la energía, el talante guerrillero, la astucia y sagacidad de un hombre que había de batirse errante y a diario, ora atrincherado en los baluartes roqueros de la Baja Extremadura, ora en correrías desatadas por los ásperos caminos andaluces, con un enemigo poderoso e implacable. Ibn al-Qütiyya dice que era agudo, artero y perspicaz para la guerra en tal extremo que no había quien le aventajase; Ibn Hayyan le calificó de una malignidad tan insuperable que cualquiera podía gemir ante su mirada, y en otro pasaje que tenía fama de caudillo temible, sus noticias eran muy celebradas y sus ataques dejaron un saldo desfavorable en su conjunto. Sus actos crueles le valieron gran reputación y respeto entre los emires sus rivales, que terminaron por colocarle por encima de ellos.

lunes, 18 de marzo de 2013

HISTORIA


Badajoz , 11 / 03 / 2013  Profesor Fernando Valdés

                             Foto : Alberto Cordero

Ya se acerca la Feria del Libro. Si el tiempo lo permite, además de celebrarla, creo que vamos a poder asistir a algún acontecimiento editorial. No digo más. Aparecerá un libro relacionado con la historia de Badajoz que hacía falta. Tiene relación, entre otras cosas, con el nombre de nuestra ciudad, que fue cosa muy debatida en otros tiempos, por mor de las primacías diocesanas. Beja y Badajoz pelearon o, mejor, sus canónigos, por atribuir a una u otra la situación de las romanas “Pax Augusta” y “Pax Iulia”, o las dos. Había que encontrarle a la población una progenie romana, que era lo que molaba.

El nombre Badajoz sería la corrupción de uno u otro y los culpables de semejante descalabro filológico, los árabes. No iba a ser menos. Pero hubo arabista, o árabe de origen, que pretendió, con la misma falta de argumentos, que Badajoz era la corrupción –esta vez debida a los invasores neogóticos- de “bab al-yawz”, la puerta del nogal. Y eso sin que nadie supiera dónde quedaba semejante acceso, ni por qué un nogal en vez de, por ejemplo, un ailanto. Árbol emblemático donde los haya. Aquí crecen solos sobre cualquier monumento, con frenesí encomiable y sin reacción municipal aparente.

Pues, volviendo a lo nuestro, ni latinistas, ni arabistas tenían razón. Fue el insigne historiador don Ramón Menéndez-Pidal quien dio en el clavo. La palabra es prerromana. Que es como decir perteneciente a un pueblo desconocido. Alguien pensaría que eran celtas, pero eso, entusiasmos aparte, está por demostrar. Y tampoco sabemos qué significaba. Vamos, que sólo sabemos que no sabemos.

Yo podría aventurar que Badajoz significaba, en su forma primigenia, “lugar donde abundan los historiadores”. Seguramente estaré confundido. Creo que los almohades ya tuvieron problemas porque una asociación de Amigos de Batalyús se quejó al califa de que, con su ampliación, estaban destrozando la hermosa alcazaba de los aftasíes. ¿Dónde vamos allegar con tantas rehabilitaciones?, decían, en árabe. - Claro, como son almohades se pasan la Ley del Patrimonio que nos dejaron los califas omeyas  por el arco de herradura. Apuntada, por supuesto.

miércoles, 17 de octubre de 2012

LA EXTREMADURA MEDIEVAL ISLÁMICA

Fuente :        http://recursos.educarex.es/

                                                              Foto : oto

La rapidez de la conquista de la España visigoda por los musulmanes queda evidenciada en nuestra región por la toma en el año 713 de Mérida, que constituía la única plaza de interés estratégico en la zona. A partir de ese momento, la presencia musulmana en Extremadura se prolongaría durante medio milenio, hasta principios del siglo XIII, época en que los avances de la reconquista cristiana por el oeste peninsular, integran a Extremadura definitivamente dentro de los reinos de Castila y León, unidos bajo el reinado de Fernando III (a partir de 1230).

“Si Mérida había sido la ciudad más importante de la época romana, será Badajoz la que cobre mayor relevancia durante los siglos de dominación musulmana. Extremadura se convertiría en la tierra fronteriza entre dos mundos, el cristiano y el árabe, donde se alzaron murallas, alcazabas, castillos y fortificaciones. Las órdenes militares (los Caballeros Templarios, la Orden de Alcántara y la Orden de Santiago) desempeñaron un papel muy destacado en la Reconquista y posterior repoblación, cuando Extremadura se incorporó al reino de Castilla y León.”

Por supuesto, a lo largo de esta etapa se suceden una serie de fenómenos y acontecimientos que podemos agrupar en los siguientes momentos históricos:

Dominio musulmán pleno.

Entre el año 713 y los inicios del siglo XII los territorios extremeños evolucionaron de una forma similar a los del resto de la mitad sur de la península, pasando por las etapas de Emirato y Califato de Córdoba, la fragmentaron de las taifas, la reunificación almorávide, etc. A lo largo de estos siglos Extremadura quedó bajo el dominio musulmán hasta que en los albores del siglo XII se inicia la reconquista de la región desde los reinos cristianos de León y Castilla

De los primeros años de la conquista se sabe que la presencia de árabes fue muy escasa frente al predominio de contingentes de bereberes norteafricanos, que llegaron en varias oleadas y se asentaron por todo el territorio extremeño. Durante los siglos VIII y IX se mantiene una estructura social y religiosa de convivencia de tres estructuras culturales; cristianos-visigodos, musulmanes-árabes y bereberes–musulmanes.

El cambio de la situación política acaecido en el año 756, primero con la instauración del Emirato de Córdoba, y posteriormente con la continuación del llamado Califato, suponen para las tierras extremeñas una etapa histórica de tranquilidad bajo la dependencia política de esta entidad. Gran parte de su territorio actual quedó encuadrado en una de las provincias fronterizas del estado musulmán, llamada Al-Garb, que venía a coincidir con la antigua provincia romana del la Lusitania.

De esta época cabe destacar algunos aspectos:

- la presencia de población bereber y árabe siguió siendo minoritaria, y el mayor porcentaje de sus habitantes pasó a ser el de los muladíes (cristianos convertidos al Islam) y el de los mozárabes (población islamizada pero de religión cristiana).

- La construcción o reforzamiento de alcazabas, atalayas y recintos amurallados para defender la región de los ataques procedentes de los cristianos del reino de León, hacia la mitad del siglo IX. Buenos ejemplos de estas construcciones de tipo militar lo constituyen los que se conservan en Mérida, Badajoz, Trujillo, Albalá etc.

- La prosperidad y riqueza de Córdoba se hizo patente también en la región: surgen numerosas poblaciones, que conservan su topónimo árabe, se introducen nuevos cultivos, se fomentó el comercio con multitud de ferias y mercados y, en general, la región conoció un período de bonanza económica y de progreso material y cultural.

Sin embargo, la unidad política del territorio islámico, se romperá a partir del califa Hissan III (1031), fragmentándose Al-Andalus en multitud de pequeños reinos que sustituían al califato. Es precisamente en el territorio extremeño donde se desenvuelve uno de los más importantes de esta nueva etapa histórica, teniendo como centro a la actual ciudad de Badajoz (la Batallyws árabe), enclave que durante el esplendor del califato se había desarrollado más que Mérida. Parece ser que los inicios de este reino taifa hay que buscarlos ya en los albores del siglo XI, a partir de de la deposición de las autoridades califales por un personaje llamado Al-Aftás, que proclamó su independencia instaurando la dinastía Aftasí, nombre con el que se conoce a este reinado. El territorio que controlaba el reino aftasí ocupaba fundamental mente la Extremadura noroccidental, la provincia de Badajoz y su prolongación hasta la costa atlántica por Portugal. Su independencia se mantuvo hasta finalizar el siglo XI, cuando los invasores almorávides asesinan al último de los descendientes aftasíes.

No obstante, una nueva invasión de pueblos procedentes del norte de Africa va a acabar con la desintegración de las taifas haciéndolas desaparecer y entre ellas sucumbe la de Badajoz. El territorio ibérico musulmán volvió a unificarse bajo el imperio de los almorávides (que gobernaron al-Andalus desde 1090 hasta, aproximadamente, 1146) y de los almohades (cuyo dominio se inició en 1147 y comenzó a llegar a su fin en 1212, tras su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa).

“Durante el dominio árabe, Badajoz alcanzó un gran esplendor en tratados de historia, medicina y poesías líricas, y entre los escritores pacenses del momento se encontraban Jonás ben Abdalos (siglo X), Almuffar Said ben Aftas (?-1063) y el príncipe, poeta y creador de una gran biblioteca, al-Qabturnuh y su hermano, Abu l’Hasan.”

Dominio compartido con los reinos cristianos

en expansión por las tierras de las Extremaduras (territorios entre el Duero y el Sistema Central). Se refiere fundamental mente a dos momentos, relacionados con el siglo XII y con el XIII respectivamente.

La primera, aunque efímera conquista cristiana en territorio extremeño, tuvo lugar tras la toma de Toledo, en 1085, con la conquista de Coria por Alfonso VI, pero su expansión hacia el sur fue detenida en Sagrajas, cerca de Badajoz, lo que obligó al repliegue de los castellanos hacia el norte. Años más tarde, en 1143, Alfonso VII ocupó de nuevo Coria, esta vez más permanentemente, y la ciudad sirvió de punto de partida para incursiones cristianas en el territorio. La muerte de este rey, con la nueva división de sus estados entre sus dos hijos (León para Fernando II y Castilla para Sancho III) suponen una doble vía de reconquista en Extremadura, acordada en el tratado de Sahagún por cuanto su territorio situado al este quedará englobado en la zona de expansión de Castilla mientras que su lado occidental pertenecerá al reino de León, sirviendo la antigua calzada romana de línea divisoria de norte a sur. A partir de la segunda mitad del siglo XII, los leoneses protagonizan importantes campañas en las sierras del norte de Extremadura, partiendo de Ciudad Rodrigo, alcanzándose Alcántara en el año 1167 y después Cáceres. Paralelo a este avance, el reino cristiano de Portugal había logrado asediar Badajoz, aunque el rey leonés impidió su conquista. En los mismos años, el rey Castellano Alfonso VIII, desde Toledo, se asegura el dominio del territorio del Jerte, refundando la ciudad de Plasencia en 1189, concediendo a esta ciudad el dominio de una importante extensión de tierras que incluían los valles del Jerte, del Tiétar, Navalmoral y algunos pueblos de Salamanca y Ávila. A continuación se ocupó Trujillo y se inició la reconquista de la Serena. Sin embargo, estos avances duraron poco, pues la nueva oleada invasora de los Almohades supuso que las plazas y territorios ocupados por los cristianos en Extremadura pasaran de nuevo a ser dominio musulmán, excepto las zonas más al norte de la misma.

La segunda y definitiva fase de la reconquista en tierras extremeñas tuvo lugar el las primeras décadas del siglo XIII. De nuevo un acontecimiento político influyó en este proceso; ante el peligro del mundo islámico, los distintos reyes cristianos de la península se unieron para luchar contra el peligro árabe. En la conocida batalla de las Navas de Tolosa en el año1212, en la que fueron derrotados los almohades, se dio paso a una nueva correlación de fuerzas que permitió a partir de entonces la progresiva y rápida reconquista de Al-Andalus, salvo el reino de Granada. Desde 1213 se reinicia el proceso de ocupación en Extremadura por parte leonesa con Alfonso IX y, tras la reunificación de Castilla y León con Fernando III, las campañas militares se unifican ya bajo el reino de Castilla. Finalmente Extremadura queda incorporada al reino castellano plenamente desde la segunda mitad del siglo XIII.

jueves, 11 de octubre de 2012

FIESTA



08/10/2012 - El periódico Extremadura  PROFESOR FERNANDO VALDÉS
Leo con arrobo el pregoncillo que nuestro alcalde ha escrito para el programa de eso llamado Al-Mossasa y entiendo perfectamente el rumbo que está tomando el evento estos tres o cuatro últimos años. Está claro que no se entendió ni se entiende su sentido. Se conmemora la fundación de Bataliús por los árabes. Y Bataliús no es Badajoz. Fue el antecedente histórico de la ciudad actual. Nos sentimos orgullosos de ella, no de un pasado que no nos pertenece. Porque nosotros no somos árabes, ni lo fuimos nunca. Nosotros, si representamos algún papel, es el de descendientes de los conquistadores, no de los conquistados. Si queda algún vástago de éstos, vive al otro lado del estrecho de Gibraltar.

Por esa confusión, por esa dificultad de comprensión, hemos convertido una fiesta con muchas posibilidades pedagógicas en un carnaval de dudoso gusto. No sólo debiera divertirnos sino, también, formarnos y movernos a reflexionar sobre la tolerancia y la convivencia con los distintos a nosotros; a profundizar en el llamado “diálogo de civilizaciones”, que adopta, ahora, el presidente Rajoy –ya le vale-. Al-Mossasa ya no es una procesión, como querían algunos, ni un botellón, como preferirían otros. Es un pastiche. Trata, sólo trata, de recrear un mundo árabe que no existe. Hasta los vendedores marroquíes del mercadillo se creen que esto es un carnaval. No se reconocen a ellos mismos ni por el forro. Una celebración de lo árabe no es un mercadillo de tantos, donde los vendedores se visten como les sale. Ni un grupo de jovencitas haciendo que bailan la danza del vientre. Ni una zona de chiringuitos, donde se ofertan mojitos, y un cartelón dice: “Hermandad de la Virgen de la Soledad”. Valiente zoco.

Esta fiesta debe continuar, pero no con este aspecto costroso. Y no es cosa de dinero. No se le ha dado ningún relieve a los actos culturales –del teatro ni hablo, ni quiero-. ¿Y dónde estaba representada la comunidad islámica de Badajoz? Ciudadanos de aquí, como nosotros. ¿Se los invitó a participar? Si, en el futuro, se les ofreciera desempeñar algún papel a lo mejor la cosa comenzaba a cambiar de enfoque. A no oler tanto a rancio.

miércoles, 3 de octubre de 2012

El alcalde de Badajoz : La dominación musulmana nos reportó a nuestra ciudad momentos de gloría y esplendor

Badajoz , 29 de septiembre de 2012 - Islam Extremadura


El alcalde de Badajoz , Miguel Ángel Celdrán Matute ha manifestado que los pacenses se sienten orgullosos por su pasado musulman que " nos reportó a nuestra ciudad momentos de gloría y esplendor y personajes de incalculable valor histórico "

En un mensaje escrito y publicado por el motivo de la fiesta de ALMOSSASA , Miguel Celdrán insistió en la importancia de que Badajoz celebre cada año su fundación por el año 875 a mano de IBEN MARWAN y ha de tener ,necesariamente , un lugar de privilegio en el calendario festivo local .

" Recordamos la fundación de Badajoz porque nos divierte , pero también porque aprendemos , porque construimos , entre todos , una identidad que nos define , nos distinga , nos impulsa , y nos fortalezca en este siglo donde no se puede perder de vista los orígenes para no cometer errores en el futuro . Recordamos el cómo fuimos para sentirnos orgullosos de nuestro pasado y para alardear con placer que Badajoz fue . " manifestó .

Enlace mensaje :
http://www.aytobadajoz.es/files/archivos/ayto/2012_09/programaalmossassa2012.pdf

viernes, 28 de septiembre de 2012

Arranca la XV edición de la Almossassa en Badajoz bajo la amenaza de lluvia

Badajoz , 28-09-2012 / EFE

                              
La apertura al público de casi un centenar de puestos ha sido el arranque de la decimoquinta edición del Festival Almossassa, que recrea la fundación árabe de la ciudad, y que prolongará durante el fin de semana con la amenaza de lluvia.

Entre las actividades previstas, esta noche frente al Museo Arqueológico, y a las diez y cuarto en los jardines de La Galera habrá se representarán dos obras de teatro sobre la figura de Ibn Marwan y la fundación de la ciudad.

Este festival, que recuerda la fundación de la ciudad de Badajoz por Ibn Marwan, constituye una muestra del diálogo intercultural y una oportunidad para dotar de contenido artístico los monumentos y la Plaza Alta de Badajoz, según ha destacado el Ayuntamiento de Badajoz.

El evento es además considerado un vehículo de cooperación transfronteriza con la ciudad portuguesa de Marvao, fundada también por Ibn Marwan, según ha planteado la corporación municipal pacense, que lo organiza con la colaboración del Gobierno regional, la Diputación de Badajoz, Caja de Badajoz y el Ayuntamiento de Marvao.
En esta cita pueden los más pequeños pueden grabar su nombre en una espada de madera con caligrafía medieval, pueden conocer astrología china, probar gastronomía árabe, extremeña y portuguesa, entre otras propuestas de los tenderos repartidos en la plaza Alta, plaza de Santa María y de San José.

 
Plaza Alta donde está instalado el mercado árabe


A juicio del alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, que ha acudido hoy a inaugurar el festival, se trata de una cita cada vez mejor acogida por la ciudadanía y con un apoyo creciente, tanto por parte de los tenderos como de los habitantes y visitantes.

No obstante, en esta edición la reducción del presupuesto en un 15 por ciento ha provocado la supresión de una de las representaciones teatrales, pero el mercadillo se ha ampliado a otras zonas como la plaza de Santa María, frente al museo Luis de Morales.

A su juicio, esta es una de las actividades que promueven el desarrollo cultural y económico de la ciudad, por lo que ha agradecido el apoyo de instituciones como la Administración regional, que ha aportado 12.000 euros, y la Diputación de Badajoz, con 10.000 euros, en aras de consolidar la fiesta.

Superrealismo

 24/09/2012 El Periódico Extremadura    FERNANDO VALDÉS


Vivimos en un país superrealista. Al cristo de Borja me remito. El asunto ha tenido una repercusión inusitada. Pero la cosa no es para tomársela a broma, por encima del hecho mismo. Porque, vamos a ver, ¿quién era el responsable de la iglesia y, en definitiva, de la pintura?, ¿quién dio el permiso para “restaurar” y basándose en qué criterios? ¿No me irán a decir que la vocacional restauradora estaba en el uso cabal de sus habilidades? Si las tuvo alguna vez. Esas cosas pueden pasar en las mejores familias, o en las mejores direcciones generales de Patrimonio, pero no quedar impunes. Un ejemplo más próximo: la iglesia de San Agustín, en Badajoz.

Las cubiertas estaban imposibles y, por fin, se hizo un proyecto para repararlas. A cargo de la Junta, como siempre. Las propiedades de la Iglesia son suyas, pero el dinero lo ponen las administraciones; o sea, nosotros. Mientras tanto, un equipo de arqueólogos hace, por su cuenta, un estudio de la iglesia, con permiso de la Junta y financiación pública –alemana- y privada –española-. Se solicitó ayuda oficial española, pero se rehusó. El trabajo de investigación concluyó que el templo actual ocupa el lugar de la antigua mezquita mayor, aunque queden escasos restos para demostrarlo. Los resultados se publicaron en alemán; aquí nadie se brindó. Pues bien, la restauración de las cubiertas se llevó a cabo con los parabienes de la correspondiente comisión técnica. Y, un buen día, alguien se dio cuenta de que, sin estar contemplado en el proyecto y sin pedir informe técnico alguno, se había reformado una capilla y destruido el único resto visible de la mezquita.

¿Quién tomó la decisión de rebasar los límites del proyecto?, ¿qué papel jugó la empresa de Arqueología que hizo los informes de seguimiento?, ¿se informó a la comisión competente del cambio?, ¿por qué nadie dijo nada, conociendo el asunto? Ya ven, unas cuantas preguntas sencillas. Lo de Borja pasó en Badajoz. O algo muy parecido. Y todos callados. El arqueólogo que investigó podía no tener razón, pero sus argumentos son públicos, ¿cuáles son los de la comisión consultiva? O fue una destrucción intencionada para borrar todo vestigio de la mezquita. Celebren ustedes al-Mossasa tranquilos y felices y creen, incluso, otro botellón conmemorando el reino taifa de Bataliús.

BATALLAS II



10/09/2012 . La Crónica de Badajoz . por el profesor FERNANDO VALDÉS  


TSti la batalla de las Navas de Tolosa, a la que me referí en la pasada columna, la leemos en clave nacionalista resulta que, ya por entonces, intereses localistas se sobrepusieron a los de la mayoría, para, después, sacar tajada. La ganancia fue a medio plazo: la conquista por los leoneses de la actual Extremadura, de Cáceres y de Badajoz. El trabajo difícil se lo habían hecho sus enemigos --y primos-- castellanos, aragoneses y navarros.

Hay silencios que siguen siendo elocuentes y celebraciones, comprensibles en ciertos contextos, estridentes. Ni los visigodos eran españoles, ni tampoco los castellanos del siglo XIII. A lo sumo eran protoespañoles. Tiene más razón Marruecos llamando Alarcos a una división de su ejército. Los marroquíes son más descendientes que nadie del imperio almohade y conmemoran así la aplastante victoria sobre los castellanos. Pero, a estas alturas, todo eso huele, ¡pero mucho!, a naftalina y no testifica a favor de la concordia, de la interculturalidad, de la pretendida modernidad de una sociedad europea.

¿Y qué relación tiene esto con Badajoz? Es simple, aunque aquí nadie parezca percibirlo. Las emotivas fiestas del Casco Antiguo se celebran en y se dedican a San José. Hasta con procesión religiosa (¡!). Según la tradición, Alfonso IX de León, el ausente de las Navas, el enemigo de la cruzada predicada por el papa Inocencio III , conquistó Bataliús un día de San José de 1230. O sea, volvemos a nuestras esencias. Celebramos una victoria sobre los moros, dicho sea literalmente y sin ánimo de ofender ¿Había necesidad de hacerlo así, siendo, como es, un evento muy reciente? Rehabilitamos --de aquella manera-- la alcazaba para, se dice, explotar turísticamente un monumento árabe --sobre todo árabe--, celebramos la fundación de la ciudad por un musulmán y, a la vez, conmemoramos la victoria de don Alfonso IX sobre la morisma. Más nacionalismo al canto. Bonita contradicción, que no es la única en esta despistada ciudad. Si, al menos, los celebrantes fueran descendientes de los invasores cristianos...

BATALLAS I

Badajoz 03/09/2012  Crónica Badajoz -  FERNANDO VALDÉS


TEts interesante comprobar el modo en que los nacionalismos utilizan la Historia, manipulando hechos que, por antiguos, sólo se relacionan muy remotamente con nuestra sociedad actual, aunque estuviesen en su origen. Se sigue defendiendo, aquí, aquello de que España es una unidad de destino en lo universal. A veces desde posiciones pretendidamente contrarias a las de quien la definió así.

Me explico. En julio de 2011 se cumplieron mil trescientos años de la conquista de Hispania por los árabes (711). Hubo muy pocas referencias oficiales. Apenas algún congreso de escaso eco. Y eso a pesar de nuestra entrañable amistad con los países árabes, del AVE La Meca-Medina y de que la Alhambra sea el monumento más visitado de nuestro país.

¡Qué mal vendemos nuestro pasado, de los franceses debiéramos aprender! Pues bien, el 16 de julio último se conmemoró el octavo centenario de la batalla llamada de las Navas de Tolosa (1212).

Esta vez sí. Hubo un gran congreso en Jaén. Para esa provincia, gracias a su situación, las Navas y Bailén son dos fechas emblemáticas. Y tengo noticia de alguna conmemoración castrense en el monasterio de las Reales Huelgas de Burgos, donde reposa Alfonso VIII , el vencedor del primer suceso, y se celebró, en 1937, la reunión del Consejo Nacional del Movimiento.

Cualquier intento de atribuirle a la susodicha victoria una lectura españolista o cristiana es vano. Fue una gran batalla, probablemente la más importante de toda la Edad Media peninsular, pero sólo vencieron los castellanos, los aragoneses y los navarros.

Y la Curia Toledana, dirigida por el gran Rodrigo Jiménez de Rada , que invirtió mucho en la empresa; y ganó muchísimo. Para que el resultado pudiera extenderse, a pesar del anacronismo, a lo que hoy es España debiera haber participado en contra de la dinastía almohade la totalidad de los reyes cristianos. Y no fue así. Faltó Alfonso IX de León, el conquistador de Badajoz. Nada menos que el padre de Fernando III el Santo.

En la próxima columna verán por qué traigo a colación todo esto.