sábado, 25 de abril de 2009

La comunidad islámica de Badajoz crea un blog en árabe sobre Badajoz y su origen islámico.

http://www.bataliusarabe.blogspot.com/
Badajoz, 25 de Abril de 2009
La comunidad islámica de Badajoz ha creado un blog en árabe sobre la ciudad de Badajoz y sus orígenes islámicos cuyo objetivo es ofrecer una ventana cultural a más de 400 millones que hablan el idioma árabe y viven en 22 países.
El blog cuyo nombre es Batalius بطليوس ofrece al internauta árabe la posibilidad de conocer la historia musulmana de Badajoz que ha sido fundada por el líder musulmán Abderramán Ibn Marwan en el año 875.
El blog ofrece, también informes, documentos y fotos de los monumentos y sitios interesantes en la ciudad.
Consta recordar que la comunidad islámica de Badajoz que ya tiene publicado un blog en castellano con las mismas características, pretende jugar un papel social, cultural y aportar su granito de arena por el progreso de la sociedad pacense extremeña.

jueves, 16 de abril de 2009

La comunidad musulmana de Badajoz revive el origen musulmán de la ciudad pacense

Badajoz 16 de Abril de 2009 - Islam Extremadura
La comunidad islámica de Badajoz eligió el nombre de “Batatius “para llamar su equipo de Futbol que ha formado para participar en los encuentros amistosos con las otras comunidades y asociaciones musulmana pertenecientes a la unión de comunidades islámicas de Extremadura.
El objetivo de esta iniciativa es revivir el origen musulmán de la ciudad de Badajoz “ Batalius “ que ha sido fundada por el Abderrahaman Ibn Marwan en el año 875 .
Otro objetivo es fomentar la amistad y el dialogo entre la comunidad musulmana de Badajoz y otros colectivos extremeños a través de organizar jornadas deportivas y partidos amistosos entre sus respectivos equipos.

lunes, 2 de marzo de 2009

Moriscos de Hornachos y República de Rabat

Foto : restos del castillo musulman de Hornachos
El faro digital, Antonio Guerra Caballero
lunes, 02 de marzo de 2009
Los moriscos procedentes de la población extremeña de Hornachos llegaron en su mayoría en 1610 a Rabat, aun cuando otros en menor número lo hicieron también en las poblaciones marroquíes de Tetuán, Tánger, Fez, Chauen, etc.. Y se asentaron en la margen izquierda del río Bou Regreg, que pasa por Rabat, entonces llamada Salé la Nueva, para diferenciarla de la otra ribera del río llamada Salé la Vieja que ocupaba la margen derecha del río, que es sinuoso de orillas arenosas y aguas peligrosas que hacían difícil su navegación, y que estaba formada por antiguos musulmanes autóctonos del antiguo Marruecos, entonces llamado Berbería. Gran parte de ellos no eran árabes, sino bereberes o berberiscos.
Todavía hoy, la población llamada de Salé conserva su diferenciada personalidad con la de Rabat, pese a que un puente y la administración municipal las hayan unido.
Estos antiguos habitantes rabatíes no vieron con buenos ojos la llegada en masa de los moriscos procedentes de España, sobre todo, porque estos últimos tenían ya distintas costumbres y tradiciones, las mujeres vivían de forma más liberal, tenían una cultura más moderna y avanzada y una forma distinta de vida; hablaban una especie de dialecto que ni era árabe ni español, sino una mezcla en muchos casos de ambos idiomas, mientras que los anteriores moradores de la actual capital marroquí eran bastante más conservadores y apegados a sus viejas y ancestrales costumbres; y, aun cuando ambas poblaciones practicaban la misma religión, la de los hornacheños era menos ortodoxa, no tan rígida y más abierta; de manera que los llegados de Extremadura no tardaron en entrar en colisión en sus relaciones con los antiguos habitantes de Rabat.Los de Hornachos comenzaron por amurallar la antigua ciudadela situada en la parte de la Medina de Rabat, llamada la “Fortalesa”, viviendo así separados de los antiguos pobladores. Las desavenencias entre ambas poblaciones se hicieron casi irreconciliables, hasta el punto de que en 1627 los originarios de Hornachos se declararon autónomos y hasta llegaron a proclamar la llamada República independiente de Salé, que lo fue durante varios años y hubo algunos países que la reconocieron, incluso habiendo nombrado embajadores en ella, como Inglaterra, Francia, Alemania y Holanda. Y, dado que llegaron en masa y no disponían de otro medio de vida, pues no tuvieron más remedio que dedicarse a la piratería y al comercio, actuando como tales piratas en embarcaciones que llevaban a cabo sus hostilidades en el Estrecho de Gibraltar, en las costas de Ceuta, y también en el litoral de la Península más próximo, como Cádiz, Huelva, Málaga y Granada. Unas veces actuaban en grupo de embarcaciones dirigidas por sí mismos, y otras en connivencia con los turcos, que por entonces igualmente eran hostiles a España. Fue una pequeña república que desarrollaba su vida interior sin obedecer a los Sultanes; pero, finalmente, las autoridades marroquíes les hicieron ciertas concesiones de autonomía municipal y terminaron por acatar la autoridad del entonces Sultán de Marruecos, tras la llegada al poder de Muley Ismael, ya en pleno siglo XVIII.El primer gobernador de la República independiente del Salé fue Brahim Vargas, famoso corsario que consiguió hacer muy rica y próspera aquella vieja ciudad de Rabat a base de dedicarse a la piratería y al comercio con España y otros países ribereños del Mediterráneo, para lo que llegó a disponer de una muy importante flota de galeones que era bastante temida incluso por las más importantes potencias navales de aquella época. Recién llegado de Hornachos a Rabat abrazaba la religión cristiana, pero luego se convirtió al islamismo. Sus descendientes son los actuales Bargasch de Rabat, que fue, y continúa siendo, una influyente familia de la capital marroquí. Su último ascendiente de Hornachos, al tiempo de la expulsión, fue también el último alcalde morisco que tuviera la citada localidad extremeña de la provincia de Badajoz.Otra familia muy influyente que también gobernó Rabat fue la apellidada Naqsis. Igualmente, Tetuán fue, entre 1727 y 1912, una ciudad de lujo, cuna de hombres eminentes que llegaron a desempeñar los primeros puestos del Estado marroquí, fueron los Torres, Lucax, Medina, Erzini, Lebbadi, Salas, Aragón, Delero, Cegrí, Ercaina, Bennuna, Aljatib, Baeza, Requena, etc. Pero los hornacheños, no olvidaron nunca sus orígenes españoles, y hasta llegaron a acumular grandes fortunas en la vieja capital marroquí con la finalidad de poder algún día regresar a Extremadura, a su Hornachos natal, donde nacieron españoles, conservando muchos de ellos las llaves de las casas que cientos de años antes habían tenido que abandonar a la fuerza. Entre los apellidos moriscos que más destacaron en Rabat figuran los citados Vargas (Bargasch ahora por mutación), Chamorro, Tredambo, Al-Fajar, Zapata (ahora sebatta), Palambo, Torres, Peña, Chaves, Guevara, Lara, Mendoza, Crisebbo, Cortobi (Córdoba), Cuevas, Sierra, Mendoza, Marchina, Álvarez, Gómez del Castillo. En 1941, los descendientes de aquellos viejos moriscos españoles eran denominados por el Instituto de Altos Estudios Marroquíes como “Los que se distinguen de los hanifiin, porque son generalmente muy blancos de piel y tienen una fisonomía muy parecida a la europea; son muy limpios y muy urbanizados; sus casas suelen sor preciosas, sus mujeres son muy hábiles en bordados, y parecen tener un mayor grado de civilización”. Hasta 1943 los gobernadores de Rabat eran todavía de origen morisco. Y, recién llegados de Hornachos, se solían distinguir porque sobre sus vestimentas llevaban una especie de bandolera cruzada al pecho y hasta la cintura, porque era un derecho que estando en España les había concedido a algunos el rey español Felipe V. Hace sólo unos años, creo que en 2003, aparecieron en Hornachos dos manuscritos del siglo XV empotrados secretamente en una pared al derruir una vieja vivienda, escritos en árabe, pero entremezclado con numerosas tendencias españolas. Son un devocionario islámico y un cuaderno de caligrafía árabe que utiliza textos coránicos, ambos sin autor conocido y aparecen escritos en dos tintas, de color negro para las consonantes, y de color rojo para las vocales. Tiene 234 páginas, la mayoría con seis líneas y bastante simétricas, hasta el punto de que los huecos que quedan al final de líneas se rellenan con algún dibujo. La Junta de Extremadura los guarda como preciosos tesoros o “joyas bibliográficas”,que recuerdan aquella época de los moriscos extremeños.Había luego en Rabat otros moriscos que no eran procedentes de Hornachos, sino que fueron venidos de otros lugares de Andalucía, y de los que algunos también se ubicaron tras la expulsión en Fez y Tetuán. Y eran muy aficionados a la música. Desde el siglo XV hasta el XX, no se concebía en buena parte de Marruecos ninguna fiesta pública ni privada en la que no tomaran parte los músicos andaluces, algunas de cuyas orquestas estaban subvencionadas por los propios Sultanes, porque se trataba de canciones tiernas y y apasionadas y cantos que encierran toda la poesía y la emoción de los jardines de Andalucía.; siendo creencia tradicional que cada “nuba” tiene relación con una pasión o estado de ánimo, destacando la canción llamada “Ya Assafi”, que encierra la melancolía de las puestas del sol vista desde la torre granadita de la Vela, y que comienza: “ Granada, Granada, de tu poderío ya no queda nada...”. La huella del pasado morisco de Rabat es todavía hoy visible en la larga muralla rojiza que cierra el lado sur de la Medina de Rabat. Se la conoce como la muralla de los andaluces, pero fue edificada por los moriscos extremeños llegados de Hornachos.Los moriscos hornaceros, constituyeron una comunidad que aportó aspectos muy importantes a la historia de España de hace 400 años, cuyo IV Centenario ahora se conmemora. Se trata de dos poblaciones hermanas que por la fuerza quedaron separadas, los que se quedaron y los que fueron arrancados a la fuerza de Hornachos. Fueron echados de una tierra próspera, de unas huertas llenas de naranjos y limoneros que era lo que más le gustaba a los antiguos moriscos, las norias, el regadío, las huertas, la agricultura, las fuentes, los pilares, sus calles y las casas angostas de la parte alta de dicha población; de las que sus descendientes hoy todavía conservan la memoria y la nostalgia, por transmisión de padres a hijos, el recuerdo y el afecto de dos poblaciones segregadas debido al fanatismo religioso y a la intolerancia de aquella época, que nunca debió de darse por ninguna de las dos partes.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Los moriscos de Hornachos

Foto : Pueblo de Hornachos
El Faro Digital , Antonio Guerra Caballero
lunes, 23 de febrero de 2009
Hornachos es una pequeña población de la provincia de Badajoz, que se encuentra situada en la comarca extremeña llamada Tierra de Barros, en la parte suroeste de la Comunidad Autónoma de Extremadura, próxima a Villafranca de los Barros, comarca ésta bastante fértil. El año 2007 Hornachos alcanzaba los 3.829 habitantes, y el municipio está ubicado en la llamada Sierra Grande, entre dos valles, llamados el de los Moros y el de los Cristianos.
Su casco urbano se asienta sobre la ladera sur de dicha sierra, en un emplazamiento escabroso de extraordinaria grandiosidad y belleza paisajística, configurándose a modo de como si fuera una gran espina dorsal que traza la divisoria entre Tierra de Barros y la otra comarca extremeña limítrofe conocida por La Serena, y también llegó a dividir los que en tiempos de Taifas fueron los reinos árabes de Badajoz y Toledo.
Desde sus alturas se divisan unas preciosas panorámicas en todos los territorios circundantes. A finales del siglo XVI la población estuvo rodeada por un cerco amurallado en el que vivieron más de 10.000 habitantes, que constituyeron uno de los focos moriscos más importantes de España, algunos de los cuales eran los viejos mudéjares o musulmanes que, cuando el año 1234 la población fue reconquistada por la Orden de Santiago, pues buena parte de sus habitantes musulmanes se quedaron a vivir con la nueva población cristiana, mientras que otros grupos moriscos llegarían después entre la segunda mitad y finales del siglo XVI, concretamente, hacia 1569-1570 llegaron los procedentes de la llamada Hoya de Málaga, Vélez-Málaga, Marbella y Serranía de Ronda; aunque otros también llegaron de la provincia de Granada, cuando unos y otros fueron deportados desde estas últimas zonas hacia las de Extremadura y Galicia. Todavía hoy la localidad conserva huellas muy marcadas de su pasado morisco, a través de su casco antiguo, cuyas empinadas y tortuosas calles se conservan formadas por casas antiguas que datan de aquella época, con sugestivos rincones pintorescos como los que forman las de Chamorro, Francisco, Peña, Enfermería, Plata, Tellada, Larga, Gata, Hogueras, etc, con hermosas portadas de enfatizados recercos, cornisas y áticos, rejería y piedras armeras, como los que presentan las calles Pío IX y Calvo Sotelo, con casonas hidalgas correspondientes a los siglos XVII y XVIII.Pues bien, cuando el 9-04-1609 el rey español Felipe III dictó el Bando general de expulsión definitiva de España de los moriscos, dicha orden fue luego sucesivamente ejecutada por medio de otros Bandos menores de expulsión según las zonas o regiones en las que los mismos habitaban. Y según refiere el historiador Antonio Domínguez Ortiz, en referencia a lo que en la época de expulsión dejara escrito Luis Cabrera de Córdoba en sus llamadas “Relaciones”, quien vivió desde 1569 a 1623 y fue diplomático y cronista real durante el reinado de los reyes de España Felipe II y Felipe III, en la página 396 de las mismas, entre otras cosas, escribe en una “Relación” fechada en febrero de 1610 en la que recoge informaciones llegadas a la Corte sobre la expulsión de los moriscos de Andalucía, Murcia y Hornachos, y el mismo refiere en sus crónicas las vicisitudes que corrieron los moriscos de Hornachos al ser expulsados, que fueron las mismas que los de los demás lugares que se tuvieron que marchar.Textualmente dicho cronista refiere: “En esta villa extremeña (en Hornachos) se han hecho muchos castigos por las muchas muertes y delitos cometidos contra los cristianos viejos. En Sevilla y su tierra, y también en Granada, donde hay personas muy ricas y con oficios muy honrados, se demandó exceptuar de la expulsión a los descendientes de cristianos viejos aunque tengan raza de moriscos por las hembras, ni los que descienden de moros de Berbería, ni de turcos que se vinieron a convertir, ni los que tienen privilegios por servicios hechos a reyes pasados, que son muy antiguos en España y han conservado con buen nombre, que son llamados mudéjares. Y asimismo se ha escrito a los obispos que reserven los que tuvieren aprobación de buenos cristianos”. Es decir, lo anterior revela que lo mismo en Hornachos que en las demás lugares de donde los moriscos fueron deportados hacia la entonces Berbería (Marruecos), no fueron expulsados todos los que había, pese a los muchos que tuvieron que marcharse, sino que quedaron, sobre todo, los mudéjares, que fueron los que estaban más integrados con los cristianos, por haber sido los primeros que se quedaron a vivir con estos últimos tras que fuera reconquistada la localidad. Y en la página 389 se recoge: “ Se ha hecho el viaje tercero, que son más de 70.000 los que han salido del reino, y las galeras se han recogido para no navegar más este invierno, y servirán los navíos que se han traído de Portugal y otras partes para pasar los moriscos que quedan, que dicen serán más de 40.000, y que se cree que, acabados de llegar todos, irá S.M. a aquel reino para concertar muchas cosas que tendrán necesidad de remedio, por quedar dicho reino muy afligido y maltratado”.El 11-04-1609, anotaba Cabrera en la página 367 de su “Relaciones”: “Se ha dicho que ciertos moriscos habían pasado a África con embajadas de los demás al rey Muley Cidán, ofreciéndole 60.000 hombres armados en España y mucho dinero, y que se hallaban allí otros embajadores de parte de las Islas que le ofrecieron los navíos que quisiese, aunque fuese por hacer un puente y atravesar el Estrecho de Gibraltar; lo cual, aunque no haya de tener efecto, no puede dejar de dar cuidado acá”. Pero el 9 de mayo anotaba que Muley Cidán “se había reído de la embajada de los moriscos, porque le interesaba estar a buenas con el rey de España, dado que su opositor el rey de Fez, había llegado a España con solicitud de ayuda y Felipe III lo había acogido con su séquito en Carmona, haciéndolo a costa de todos, en que se gastan 300 escudos cada día, y se ha ordenado a los señores que cayeren en el camino por donde pasará para venir desde el Algarbe a Carmona que le aposenten y lo hagan a costa de todos”. La expulsión de los moriscos a Berbería estaba ya decidida por deliberación del Consejo de Estado de 4 de abril, basándose precisamente en el cambio dinástico ocurrido en Marruecos; pero el secreto del acuerdo fue bien guardado. Y detalles que nos refieren otras crónicas de Luis de Córdoba vienen a revelarnos los bienes tanto en metálico como en especie que a los moriscos se les dejaba sacar de España, así como el hecho muy significativo de que, concretamente los de Hornachos tuvieron que pagar menos derechos que los expulsados de otros lugares. Así, en la página 39 de la “Relación” escrita el 13-03-1610, se dice: “La expulsión de los moriscos de Andalucía, Granada y Murcia pasa delante; y se entiende que, por más guarda y cuidados que se ponen para que no se saquen oro ni plata, sacan mucho por las vías secretas que ellos saben, y porque no les quiten los hijos de siete años abajo encaminan todos su embarcación para Francia e Italia, y el lugar de Hornachos sólo pagó 22 ducados de derechos, y asimismo se van muchos de aquí (de Madrid) con las mercaderías que han sacado, y ha habido moriscos de Sevilla que han pagado de flete 4.000 ducados...Con la licencia que se ha dado a los de Castilla la Vieja y la Nueva, Extremadura y La Mancha, todos registran lo que llevan en Burgos delante del conde Salazar, y se les han tomado más de 50.000 escudos de oro y joyas que llevaban escondidos, y cadenas dentro de sogas de esparto, y por excusar estas cautelas han dado orden que se les deje sacar oro y plata la mitad de lo que registraren y lo otro quede para S.M. porque también encarecían mucho las mercancías que sacaban. Y como se ve la voluntad con que se van, y que cada día crece el número de los que van saliendo, se les ha prorrogado el término de veinte días más, pues es mejor que salgan con suavidad y de su voluntad que no a la fuerza, si bien se conocerá la falta que harán en el encabezamiento de las alcábalas y otras rentas reales”.Pero no sólo los moriscos que salieron para el Norte de África lo hicieron hacia Marruecos, sino también a Túnez y Argelia. Así, en otra “Relación” de 20-12-1609, el cronista recoge que el conde de Aguilar, general de Orán, escribía: “Que era grande el número de moriscos que se habían quedado en aquella ciudad, porque se adentraban los alarbes (nómadas), los robaban y mataban; lo habían visitado 20 de los llegados de Valencia, de los más principales, diciéndole que eran cristianos, y que no habían conocido la verdad hasta que han visto las abominaciones de los moros de aquella tierra, y querían morir como cristianos. Pusiéronlos presos, y se espera la orden que se dará sobre ellos”. (Próximo lunes, los moriscos de Hornachos en Rabat).

jueves, 12 de febrero de 2009

El epitafio perdido de Al Mansur

HISTORIA ARQUEOLÓGICA
Una nueva publicación de la Academia de la Historia y una conferencia hacen revivir la historia arqueológica de la inscripción funeraria del fundador de los aftasidas
Mercedes B. Timón - Hoy Digital
Constituye el principal enigma de la arqueología de la capital pacense. Los arqueólogos se refieren a él como «el epitafio perdido de Al Mansur» y se trata probablemente de la pieza histórica procedente de Badajoz cuya existencia se ha recogido con más profusión en catálogos arqueológicos de toda Europa. Afortunadamente. Porque esta piedra, que es una de las más estudiadas y mejor documentadas de toda España y de la que ya hay noticias escritas a comienzos del siglo XVIII, desapareció luego para convertirse en un misterio que no ha dejado desde entonces de interesar a los especialistas.El epitafio perdido del rey Al Mansur debía superar al menos en cuatro veces el tamaño de otra inscripción funeraria relativa al mismo rey y que sí se conserva actualmente en el Museo Arqueológico de Badajoz.
En el epitafio perdido se citaba el nombre de Al Mansur y también el día de su muerte, su cronología vital y se expresaban algunas recomendaciones piadosas. En el mundo islámico, este tipo de piezas solían estar vinculadas al lugar de la muerte del personaje al que se refieren, pero no hay forma de saber por las referencias existentes sobre la de Al Mansur si ésta fue reutilizada para la construcción de una iglesia en la Alcazaba pacense o estaba próxima al lugar de un hipotético enterramiento de los reyes de taifas que reinaron sobre Badajoz.Entre la mucha documentación existente del desaparecido epitafio de Al Mansur se conservan dos dibujos que reproducen su texto.RecopilaciónLa historia del epitafio perdido ha vuelto a la actualidad a raíz de una conferencia que el pasado sábado pronunciaron en el Museo Arqueológico de Badajoz los profesores Isabel Rodríguez Casanova y Alberto Canto García. Ambos pertenecen a la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Rodríguez Casanova es doctora en Prehistoria y Arqueología y Canto García es profesor titular de Arqueología y Numismática. 'Avatares de una inscripción aftasí' fue el subtítulo que pusieron a su conferencia para hablar de esta inscripción que fue documentada por última vez en la Iglesia de Calatrava de la Alcazaba de Badajoz, cuyos restos son hoy visibles frente a la entrada de la Biblioteca Regional.Alberto Canto se muestra escéptico sobre la posibilidad de que se pueda encontrar algún día la lápida perdida y no quiere elucubrar sobre lo que califica como «arqueología ficción». Lo más probable es que la pieza esté rota. Debió desaparecer en el periodo comprendido entre 1827 y 1845. En la primera fecha, la piedra estaba todavía situada en la Iglesia de Calatrava. Allí se hicieron excavaciones en 1845 y ya entonces se da cuenta de su desaparición. La leyenda dice que podría estar incorporada a los cimientos del Hospital Militar, donde hoy se ubican la Biblioteca Regional y la Facultad de Biblioteconomía.Fundador :Trabajos sobre este epitafio se conocen desde comienzos del siglo XIX, ya que se hicieron traducciones modernas sobre su contenido. Alberto Canto dice que la novedad del trabajo emprendido junto con la profesora Rodríguez Casanova es que nunca se había estudiado en su conjunto la totalidad de la documentación existente sobre el mismo. Los dos profesores contactaron con este tema a raíz de su participación en la elaboración de un libro que ha publicado la Real Academia de la Historia sobre su colección epigrafiada. Les interesó, y continuaron con el rastreo de la peripecia de la esquiva pieza arqueológica. Sobre el epitafio escribieron en su día autores prusianos, suecos, italianos y franceses. También fue objeto de algunos de los primeros estudios sobre epigrafía que hicieron los ilustrados españoles. Los dos profesores de la Autónoma decidieron entonces reconstruir toda la investigación existente en torno a esta pieza y el resultado fue expuesto el pasado sábado en la conferencia del Museo Arqueológico pacense. «Pensamos que es de justicia histórica que quienes tengan la primera información de este tipo de cosas sean los ciudadanos de Badajoz», dice Alberto Canto.Al Mansur: Al Mansur fue el fundador de la dinastía aftasida que gobernó sobre la actual capital pacense. Sucedió a Sapur, que fue el primer rey taifa de Badajoz y había muerto en el año 1022. Alberto Canto dice de Al Mansur que «fue un personaje importante, porque da autonomía a uno de los más importantes reinos de taifas junto con el de Sevilla, con el cual tiene algunos enfrentamientos, y con los de Valencia y Zaragoza. Sin duda es uno de los reinos más importantes del oeste de la península Ibérica junto con toledanos y sevillanos. Fue uno de los pocos monarcas de los que se ha conservado la inscripción funeraria». Alberto Canto hizo una campaña de prácticas arqueológicas en la Alcazaba de Badajoz en su época de estudiante y también ha hecho estudios sobre la colección de monedas del Arqueológico. Sus excavaciones fueron anteriores a la campaña que hace años dejó al descubierto la planta de la Iglesia de Calatrava, donde el epitafio perdido de Al Mansur fue visto por última vez. Sobre las posibilidades arqueológicas que aún ofrece la Alcazaba de Badajoz dice que cuenta con la ventaja de que hay mucho sitio para trabajar y está exento de la presión de las construcciones urbanas. «Quedan bastante cosas que se podrían investigar, pero la pregunta sobre cuáles son ellas debería responderla la Consejería de Cultura, que es la que tiene autoridad y potestad y criterios de trabajo», dice el profesor Canto.Preguntado sobre qué lugar ocuparía la Alcazaba de Badajoz en un ranking sobre las existentes en la Península dice que eso carece de sentido. «Todas son importantes en su lugar y en su momento. Pero, desde luego, es una de las fortificaciones más importantes, no sólo de época islámica sino de siglo posteriores y de las más impresionantes de toda Extremadura. Tiene y ha tenido siempre muchas posibilidades de investigación».

viernes, 30 de enero de 2009

El Museo Arqueológico de Badajoz acoge una conferencia sobre 'El epitafio perdido de Al-mansur'

Foto : El Museo Arqueológo de Badajoz

BADAJOZ, 30 Ene. (EUROPA PRESS) -
El Museo Arqueológico Provincial de Badajoz acogerá mañana la conferencia "El epitafio perdido de Al-mansur. Avatares de una inscripción aftasí", a cargo de la doctora en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid, Isabel Rodríguez Casanova; y el profesor titular de Arqueología y Numismática de la Universidad Autónoma de Madrid, Alberto Canto García.
El epitafio del rey aftasí Almansur I es una de las más importantes inscripciones árabes del Museo de Badajoz. Se trata de una pieza encontrada en el siglo XIX en la Alcazaba de la ciudad. Sin embargo, con anterioridad al descubrimiento de esta lápida, se tenía noticia de la existencia de otra mucho más amplia en su contenido y que había desaparecido ya a mediados de aquel siglo.
La historia de esa inscripción perdida es la que se presentará en esta conferencia, remontándose en su búsqueda al siglo XVIII, cuando ya se conocen las primeras transcripciones y traducciones, hasta ahora inéditas, según informó la Junta en nota de prensa.
Durante la charla se abordará sus sucesivas publicaciones por autores extranjeros, a partir de las noticias que proporcionan los eruditos ilustrados españoles a principios del siglo XIX, publicaciones, sin embargo, que nunca serán conocidas ni citadas en España.
De este modo, los avatares que sufre la inscripción tanto físicamente hasta su total desaparición, como en su publicación, ilustran la evolución de la epigrafía árabe en España como disciplina histórica; desde un ambicioso y exitoso comienzo en el siglo XVIII con figuras como M. Casiri o F. Palomares; pasando por un desastroso paréntesis, a consecuencia de la Guerra de la Independencia.
En ese tiempo se pierde noticia de todo lo anterior, hasta su resurgir a partir de mediados del XIX, que tendrá su culminación a finales de siglo en los grandes arabistas E. Saavedra y F. Codera, quienes hacen renacer el arabismo español prácticamente desde cero, lo que prueba la publicación de la inscripción del Museo Arqueológico como inédita.
ALCAZABA PACENSE
Además, los nuevos detalles conocidos sobre el lugar de su descubrimiento contribuyen al mejor conocimiento de lo que pudo ser la Alcazaba de Badajoz en época musulmana y en concreto la zona de la actual iglesia de Santa María de Calatrava, sobre cuya identificación con una antigua mezquita parece fuera de toda duda.
Isabel Rodríguez Casanova es doctora en Prehistoria y Arqueología por la Universidad Autónoma de Madrid, especializada en Numismática; autora de diversas monografías, artículos y comunicaciones sobre numismática antigua y circulación monetaria. Participa en distintos proyectos de investigación emprendidos desde diversas universidades, Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de la Real Academia de la Historia.
Alberto Canto García es profesor titular de Arqueología y Numismática de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los grandes expertos en este campo en el panorama actual de la investigación nacional e internacional. Es autor de un gran número de publicaciones especializadas sobre numismática antigua y medieval hispánica, entre los que se incluyen los fondos numismáticos andalusíes del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.

lunes, 19 de enero de 2009

Poesía andalusí sobre Batalius

Batalius , nunca te olvidaré cualquiera que sea la ausencia que ti me tenga alejado.
¡Que admirables los grandes árboles que te rodean!
El valle de tu hermoso Río abre un camino como si hendiera una túnica rayada .

El poeta aftasí , el visir Abu AMr Ibn Al Fallás
Siglo XI


بَطَليوس لا انساك ما اتّصل البعدُ
ولله دوحات تحفُّك بينها
فلله غور في جنابك او نجدُ
تفُّجر واديها كما شُقّق البُردُ

viernes, 19 de diciembre de 2008

Historia de la época musulmana de Mérida ( MÁRIDA )

Por una obra anónima, la Crónica Latina o mozárabes del 754, las ciudades que pasaron a manos musulmanas mediante la firma de pactos o tratados de capitulación, apenas vieron perturbados sus quehaceres cotidianos, prueba de la normalidad con la que se llevaron estos cambios.
la etapa islámica de Mérida se incia dos años después de derrota de D. Rodrigo , último rey visigodo ,ante las tropas musulmanas dirigidas por Tarek Bin Ziad , cuando el gobernador del norte de Africa Músa ibn Nusayr , se presenta ante las murallas de la ciudad con un ejército compuesta por más de 17.000 hombres , la mayoría de origen árabe .
Esta nueva etapa histórica de la ciudad se inscribe en el nacimiento y desarrollo de una nueva civilización, la islámica, que sería durante los siguientes cuatrocientos años la que marcó el rumbo a seguir en buena parte del mundo conocido.
Tras seis meses de duro asedio se entregó la ciudad el30 de junio de 713 de C (1 de Shawall del año 94 h.) respetando la integridad de sus habitantes y bienes, con las siguientes condiciones: que todas las propiedades de la iglesia habrían de pasar a manos de Musa, que se tomarían las propiedades de los emeritenses huidos así como los que hubieran muerto en combates (pues se les atribuían delitos de sangre) para el pago de la tropa.
Además, se permite abandonar la ciudad a quien lo desde con los bienes que pueda acarrear, pero perderá entonces sus posesiones.
Por una obra anónima, la Crónica Latina o mozárabes del 754, las ciudades que pasaron a manos musulmanas mediante la firma de pactos o tratados de capitulación, apenas vieron perturbados sus quehaceres cotidianos, prueba de la normalidad con la que se llevaron estos cambios.
La sociedad derivada de este nuevo Estado estaría encabezada por la comunidad de creyentes ( umma) que estaba integraba por la minoría árabe, los bereberes o tribus procedentes del norte de África y los muladíes o conversos al Islam. A continuación se situarían los (dimmies) protegidos o gentes del Libro (cristianos y judíos) los cuales tenían que pagar una cuota, en metálico o en especie, a las autoridades, impuestas, primero desde Damasco y, más tarde , desde Córdoba. De este modo, la comunidad cristiana mantendría su sede arzobispal en la medina hasta mediados del siglo IX, al igual que tenemos constancia de una reducida colonia hebrea. Durante el gobierno de Uqba octavo walÍ o gobernador de al-Andalus, se garantizó a las gentes de cada religión ser juzgadas de acuerdo a sus leyes. Tanto esto como los esfuerzos por regularizar los impuestos ayudan a explicar la autonomía interna de que gozaban las comunidades cristianas y judía durante estos primeros momentos.
Las fuentes historiográficas islámicas y cristianas no narran ningún acontecimiento que viniera a romper los acuerdos alcanzados tras la toma de la ciudad, por los menos hasta la consolidación del emirato, ya durante la novena centuria. Durante la primera mitad del siglo VIII únicamente podemos Destacar el enfrentamiento que exista entre las diferentes tribus árabes asentadas en el territorio, o entre los árabes del primer momento de la conquista (baladíes) contra las tropas sirias enviadas a al-Ándalus a consecuencia de la insurrección bereber del año 741, que tendría en las proximidades de Mérida un foco de revueltas. Ya en la segunda mitad del siglo VIII, el gobernador de al-Ándalus, Yusuf al-Fihri, buscará el apoyo de los habitantes de la ciudad en su enfrentamiento contra el príncipe de la dinastía omeya Abd al-Rahman I , que a la postre resultará vencedor e instaurará el emirato independiente de al-Ándalus en el 756 d.C/139 h. A la muerte de éste, su hijo Hisam que se encontraba como gobernador de la ciudad, será nombrado nuevo emir de al-Andalus.
Durante esta etapa asistimos a un incremento constructivo, puesto de manifiesto en una serie de palacetes que se encuentran situados en los espacios ocupados con anterioridad por los templos romanos y en franjas de terreno próximas al interior de la muralla. Estos poseen una clara influencia arquitectónica sirio-omeya, que vienen a mostrar el interés demostrado por esta dinastía por afianzar su poder en la ciudad.
En esta primera fase del emirato andalusí no se producen noticias de relevancia con relación a Mérida, pero sí respecto a su territorio, donde se alzarán algunos jefes tribales de origen bereber contra la política impuesta desde Córdoba. Con la proclamación de Al-Hakam I como nuevo emir, se va a introducir una nueva corriente teológica, el malikismo, que pervivirá en al-Ándalus hasta su final, sobresaliendo personajes de gran relevancia en el mundo de la jurisprudencia. Con este emir y sucesores asistimos a un incremento de los impuestos, que va a afectar a los sectores artesanales e industriales y a los grandes propietarios latifundistas y que desencadenarán una serie de revueltas protagonizadas por miembros de población muladíes y tribus bereberes, muy numerosas en el alfoz de Mérida.
En una de estas sublevaciones, acaecida en el 835 d.C/220h., se construirá la alcazaba de la ciudad, que unida a otros actos iría configurando un nuevo urbanismo, que perdurará hasta la toma y arrasamiento de la medina por el emir Muhammad en el levantamiento del año 868 d.C/245h. Este suceso influirá decisivamente en la fundación de Badajoz por Ibn Marwan al-Ylliqi con el beneplácito en el futuro político-administrativo y social de Marida que quedaría huérfana de población la recién fundada medina, mientras que los segundos emigrarán en buena medida hacia el noroeste peninsular. Tras este suceso, lo que resta de la ciudad será tomado en 876 por miembros de la tribu bereber de los masmuda, que procedentes de la zona de Coímbra, Coria y Egitania se harían fuertes durante más de cincuenta años.
En el año 929, ‘Abd al-Rahman Ш asume el título de califa de al-Ándalus. Su primera medida es acabar con los desordenes y hacer efectiva la autoridad estatal en todo el país, consiguiendo así el esplendor político que marcará la influencia andalusí por todo el norte cristiano y el Magreb.
Durante este mismo este mismo año, Mérida vuelve a depender de Córdoba, que nombrará gobernadores que ejercerán su cargo en una extensa Cora.
El sur de al-Ándalus estaba dividido en coras o provincias, Mérida será sede de un extenso territorio, pero perderá importancia como capital de la marca inferior que se decantará a favor de Badajoz que, a final del califato (S.ХЦ), se convertirá en ciudad más importante de esta franja de oeste de al-Ándalus. Con el reino taifa de Badajoz, Mérida pierde todo el protagonismo y da inicio su lento, pero irreversible declinar, que marcará su impronta venidera hasta bien entrado el siglo ХІX.
Bajo el periodo de los imperios norteafricanos, Almorávides y Almohades (finales del S. ХІ-primer tercio del ХШ), Mérida figura en los textos historiográficos como una ciudad de frontera y centro de comunicaciones, que tendría en su puente sobre el Guadiana a su más importante valedor. Así figura en los relatos de viajeros, geógrafos e historiadores árabes y cristianos, que narran en sus crónicas la importancia pasada de una urbe venida a menos. El registro arqueológico en los últimos años viene a ratificar lo emanado de las fuentes escritas, así, su perímetro amurallado se ve reducido a un primigenio, las construcciones de carácter domestico se levantan generalmente con materiales pobres y el único edificio destacable de la medina es su alcazaba, la cual sufrirá algunas reformas poliorcéticas adaptadas a los nuevos avances de la ingeniería militar de la época, poco antes de ser conquistada por los huestes del rey Alfonso ІХ de león.
Nota : este articulo ha sido publicado en Boletin Informativo del Consorcio de la Ciudad Monumental , Histórica y Arqueológica de Mérida – Nº 49 – Octubre 2007

ALCAZABA MUSULMANA DE MÉRIDA

Las razones principales que impulsaron a levantar la Alcazaba parecen claras a tener de los datoS proporcionados por las fuentes historiográficas, epigráficas y las últimas intervenciones arqueológicas realizadas. Como consecuencia de las continuas revueltas e intentos por parte de la población maridí de emanciparse de las directrices emanadas desde Córdoba, Abd al-Rahman II mandó construir este recinto fortificado como residencia del gobernador y para los obedientes al emir. Así figura en la inscripción que se encuentra en la puerta principal de ingreso, fechada en el 835 d.C/220 de la Hégira, tras sofocar la última intentona separatista llevada a cabo durante ese mismo año. La intención por lo tanto es bien explícita, defender y controlar la principal vía de acceso a la medina, su legendario puente romano. De esta forma se pretendía frenar, de maneta definitiva, las continuas revueltas internas, más que hacer frete a posibles amenazas exteriores (recordemos que en este momento el peligro más próximo lo representaba el reino Astur, cuya frontera la marcaba el Duero).
En cuanto a su planificación y técnica edilicia, la alcazaba como bien indica su placa fundacional –hisn/pl. husun- (recinto fortificado), sigue un esquema de planta cuadrada casi perfecta (130m de lado), teniendo como modelos ejemplos sirio-bizantinos. En total, ocupa un espacio superior a los 16000 metros cuadrados, lo que permitía el acantonamiento de hasta unos 2000 efectivos militares. Los muros de 2.70 m de anchura y unos 10 m de altura, levantados, generalmente a soga y tizón, reutilizan en su fábrica sillares desiguales y otros materiales, como fragmentos de columnas, cupae, y buena parte del material empleado en el refuerzo de la muralla de finales del siglo V. el espacio central que forman sus frentes interno y otros es rellenado con piedra de tamaño desigual y cascotes trabados con tierra, lo que ha motivado que de manera periódica sufriera derrumbes y arreglos. Adosadas a lo largo del paramento se distribuyen veinticinco torres de base cuadrangular, mientras qre otras se encuentran separadas del lienzo, las denominadas torres albarranas, que fueron erigidas posteriormente, entre los siglos X-XII. Paralelas éstas se levanta un antemuro y un foso que rodearía a todo el recinto defensivo.
Nota : este articulo has sido publicado en el Boletin informativo del Consorcio de la ciudad monumental , histórica , artística y arqueológica de Merida Nº 49 - Octubre 2007