domingo, 7 de junio de 2009

Fermín Mayorga publica un libro sobre la epopeya de 'Los Moriscos de Hornachos'

Estuvieron dos años en Marsella e Italia antes de arraigarse en Marruecos
Foto : Fermión Mayorga es especialista en la Inquisición y lleva años investigando sobre los morsicos/ HOY
Hornachos 15/05/09 , Juan Aguilar Sánchez - Hoy Digital
Historia de piratas y corsarios, la gesta de los moriscos 'hornacheros', sigue siendo una epopeya digna de un guión cinematográfico con tintes épicos y un triste final para estos hombres y mujeres que fueron expulsados de su tierra en la época de Felipe III. Ahora y cuando se conmemora el IV Centenario de su expulsión Fermín Mayorga, natural de Cheles publica un libro bajo el título 'Los Moriscos de Hornachos. Crucificados y Coronados de Espinas', un libro donde aporta nuevos documentos a esta historia que se estudia en las Universidades de muchos países.
Mayorga especialista en la Inquisición de Llerena, ha estado durante 3 años investigando en el Archivo de Simancas y en el Archivo Histórico Nacional, las actuaciones llevadas a cabo por este Santo Tribunal contra los vecinos de Hornachos, casi 3.000 que «fueron hostigados y denunciados por su condición de moriscos (es decir, españoles musulmanes)» y finalmente expulsados de España en el 1609, hace 400 años.
La población de Hornachos, al sur de Badajoz, era prácticamente en su totalidad morisca desde hacía años, se dedicaban a cuidar sus huertas, al comercio y a la cría de hojas de mora para los gusanos de seda. A pesar de abrazar públicamente al catolicismo, iban a los llamados «desbautizaderos» con el fin de apostatar de la fe cristiana a la que eran obligados, para seguir con su fe y seguir orando en dirección a la Meca rindiendo culto a Mahoma.
En la primera parte de este libro se describen los comienzos del Santo Tribunal de la Inquisición de Llerena que «peinaba la población y cogían presos a los vecinos de Hornachos que eran denunciados por algunos de los escasos cristianos viejos, que vinieron a cristianizar la población, así como por los frailes del Convento de San Ildefonso, y que por pensar de forma diferente fueron llevados a las cárceles secretas de este Tribunal, otros fueron quemados en la hoguera, y también condenados a galeras a remar como galeotes».
En la segunda parte del libro se describen las huertas y se documentan con nombres y apellidos la propiedad de las mismas, y en una última parte se aporta también documentación donde se afirma «que estos moriscos no fueron directamente a Marruecos como apuntan algunos historiadores, sino a Marsella y a Italia donde estuvieron aproximadamente unos dos años para después de nuevo ser expulsados y en ese momento sí se asentaron en el norte de África, haciéndose corsarios como venganza al Rey de España y también a la Iglesia».
La acción de los corsarios extremeños se desarrolla en la zona costera y en alta mar. Los corsarios de Hornachos se acercaban a la costa para dar caza a las pequeñas embarcaciones de cabotaje que por allí navegaban, a los barcos pesqueros que por allí faenaban y también, para desembarcar algunos miembros de la tripulación que efectuaban una observancia entre los habitantes de las zonas costeras apresando a pastores de ganado, labradores y moradores de los poblados cercanos.
No había un tiempo específicamente señalado para salir a hacer el corso. Lo hacían durante todo el año, aunque se pueden indicar dos momentos fundamentales: la campaña de verano, la cual, que se lleva a cabo en los meses de junio y julio, y la de invierno, que se efectúa predominantemente en octubre. En esta última es cuando consiguen el mayor número de presas, ya que no se veían obstaculizados por los corsarios españoles que normalmente sólo salían en verano.
El espacio geográfico donde suelen realizarlo se circunscribe al Mar Mediterráneo y al Océano Atlántico. Los navíos y las embarcaciones de mayor tonelaje en algunas ocasiones rebasan el estrecho de Gibraltar; unas veces llegan hasta las Islas Canarias y cruzan a lo largo del cabo de San Vicente en espera de apresar las embarcaciones que a su vuelta de América se dirigen a los puertos de Cádiz y Lisboa; otras, recorren la costa portuguesa y llegan en sus correrías hasta las costas gallega y asturiana, algunas incluso a Brasil y a Islandia.
Pérdidas
Niños, mujeres, religiosos, religiosas, alcaldes, gobernadores y otros apresados, serán sus capturas más importantes. Las pérdidas humanas fueron cuantiosas. Muchos tripulantes de embarcaciones, pasajeros que iban de una ciudad a otra, pescadores que faenaban, soldados que se dirigían a sus destinos y gentes que habitaban en las cercanías de la costa fueron apresados por los corsarios de Hornachos, pasando a engrosar el grupo de los cautivos cristianos en Berbería.
Entre las posibles formas de liberación la más importante es el canje, tanto el particular como el general que tiene efecto en las redenciones de cautivos, tema en el que nos vamos adentrar para conocer los documentos de los padres trinitarios y con ellos, la realidad de los corsarios extremeños en Salé- Rabat. La bandera que ondeaban en sus barcos era «una cruz símbolo de su cristianismo anterior y unas dagas, una bandera temida por todos los barcos con los que se cruzaban».

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