lunes, 9 de septiembre de 2013

Un curso rescata un aljibe medieval y un poblado islámico en Capilla

Badajoz,29-08-2013,EFE
 
 
 
Un curso de arqueología desarrollado este verano por el Ayuntamiento de Capilla en el castillo de esta localidad pacense ha permitido sacar a la luz una tercera nave de un gran aljibe medieval y ampliar la excavación de la antigua población islámica de Kabbal, según ha informado a Efe el alcalde Raimundo Pimentel.
 

La segunda edición de este Curso de Especialización en Arqueología para Estudiantes Universitarios ha sido impartido por la empresa Baraka Arqueólogos y ha contado con la participación de una docena estudiantes de diferentes universidades.
 

Las excavaciones arqueológicas han continuado los trabajos iniciados el pasado verano. Se ha ampliado la excavación del patio del castillo en el que el verano pasado se localizó un aljibe y una habitación rectangular creada en el mismo momento en el que fue construida la línea de muralla con tres fuertes torreones con que cuenta la fortaleza.
 

La excavación del primer recinto del castillo de Capilla ha sacado a la luz una tercera nave de este aljibe. Esta infraestructura medieval se encuentra "perfectamente conservada" y presenta una puerta de acceso por el extremo norte.
 
El Alcalde de Capilla, una pequeña población de unos 180 habitantes situada en el al este de la provincia de Badajoz, cerca del límite con la provincia de Ciudad Real, ha destacado que esta construcción tiene la "peculiaridad" de que cada nave tiene diferencias constructivas, convirtiéndose en un elemento de "gran belleza y atractivo turístico" cuando se logre excavar en su totalidad.

Además, sobre la estructura del aljibe han aparecido los restos de un patio medieval con "magnificas" losas de caliza y parte de las caballerizas de este recinto defensivo.
 
Por otra parte, en la excavación situada fuera del castillo se ha avanzado en el descubrimiento de la antigua población islámica de Kabbal, "sacando a la luz nuevas habitaciones con abundante ajuar del siglo trece".
 
Pimentel ha asegurado que el objetivo del Ayuntamiento de Capilla es rescatar la historia y el patrimonio arqueológico de la zona del castillo y del asentamiento que existió en época almohade y que fue abandonado en 1.226 después de catorce semanas de asedio por parte de las tropas de Fernando III "El Santo".
 
De esta forma, ha añadido el edil, la riqueza arqueológica, junto al paraje natural del embalse de la Serena, deben convertir a Capilla en un municipio con "gran atractivo" turístico.

sábado, 7 de septiembre de 2013

El Reino de Badajoz - Tā'ifa al-Batalyaws

Badajoz , 7/9/2013 - Elaborado por  Juntaeru
 
La ciudad de Badajoz fue fundada por Ibn Marwan en 875 con el nombre de Batalyaws. La ciudad formó parte del Califato de Córdoba hasta que en 1013 Sabur (de nombre completo ‘Abu Muhammad Abdallah ben Muhammad el-Sapur al-Saqlabi’) tomó el poder en gran parte de la antigua Lusitania, desde Mérida a Lisboa, y se proclamó rey creando el Reino de Badajoz.
 
Podemos ver en el mapa la extensión que alcanzó el Reino de Badajoz en el Siglo XI, cuando englobaba casi la totalidad de la actual Extremadura.
 
Al morir Sabur en el año 1022, y a pesar de tener dos hijos, le sucedió en el poder su visir, Maslama ibn al-Aftas, iniciando así la dinastía de los Aftasíes, de origen bereber, que reinará durante setenta y dos años.
El sucesor de Maslama, Muzaffar, inicia la etapa de esplendor del Reino convirtiendo Badajoz en un importante centro cultural y literario. Él mismo compuso una enciclopedia en 50 volúmenes denominada Kitab al-Muzaffari. En 1072, Omar se convierte en rey de Badajoz y adopta el título de al-Mutawakkil, manteniendo el intenso movimiento cultural que había comenzado con el reinado de su padre Muzaffar y que reunió en la ciudad a la élite literaria andalusí.

Pero en 1079 Alfonso VI conquista Coria y el reino aftásida pierde así una de sus principales plazas. Un año después la presión cristiana se vuelve insostenible tanto para el reino de Toledo como para el de Badajoz. Al-Mutawakkil toma el Reino de Toledo para intentar hacer frente de forma organizada a Alfonso VI. Sin embargo, se ve obligado a retirarse a Badajoz y en 1085 cae Toledo.

En 1086, Al-Mutawakkil, en una carta al emir almorávide, expresa la desesperación de los demás reyes taifas y le urge para que venga a combatir a los cristianos. Los almorávides llegaron a Al-Andalus en Junio y se enfrentaron a las tropas cristianas en Zalaca el 23 de Octubre, muy cerca de Badajoz.

Los almorávides derrotan a los cristianos esta vez pero observan también la debilidad de los reinos de taifas. En 1090 vuelven a cruzar el estrecho y, uno a uno, van ocupando todos los reinos peninsulares. Llega así el año 1093: Al-Mutawakkil intenta salvar su reino pero Alfonso VI toma Lisboa y en 1094 los almorávides ocupan Badajoz.

Al-Mutawakkil y su familia fueron apresados y más tarde ejecutados bajo la acusación de haber colaborado con los cristianos. Sin embargo, uno de sus hijos, Naym, consiguió escapar y refugiarse en el castillo de Montánchez donde se hizo fuerte y se proclamó último Rey de Badajoz con el nombre de Al-Mansur. Tras dos años de resistencia, en 1096 se rindió definitivamente a los almorávides y huyó al norte para entregarse a Alfonso VI.

En 1144 los almorávides son atacados en su propia tierra, Marruecos, y tienen que replegarse. Esto permite que durante unos años el antiguo Reino recupere una cierta independencia siendo Aben Hacham y Sidrey los gobernantes. Pero esta vez serán los almohades los que frustren el intento ocupando nuevamente el Reino en 1151.
Este dominio almohade se ve interrumpido entre los años 1165 y 1169 cuando aparece Geraldo sem Pavor, un noble portugués, conquistando para Portugal el Alentejo y las plazas de Cáceres, Trujillo, Montánchez y Monfragüe.
 
Resulta significativo que ya a estas alturas León y Portugal se habían repartido el Reino de Badajoz. Así, como Geraldo no ha respetado el pacto y ha invadido la parte que supuestamente corresponde a León, el Rey de León aprovecha el intento portugués de conquista de Badajoz para capturar tanto a Alfonso I como a Geraldo. Portugal se ve de esta forma obligado a renunciar a todo lo conquistado y el antiguo Reino de Badajoz vuelve a manos almohades.
El año 1227 marca el inicio de la desaparición del Reino de Badajoz. Progresivamente irán cayendo las ciudades batalyawsíes en manos de León, Castilla y Portugal hasta convertir el Reino de Badajoz en tan sólo un recuerdo.
 
Fuimos reino, pero siempre nos han vendido que como era un reino musulmán no debíamos considerarlo parte de nuestro pasado. Como si sólo formaran parte de nuestra historia los Reinos de León, Castilla o Portugal.
Esto ha hecho que los extremeños nos consideremos siempre como descendientes de repobladores, como gente sin pasado ni historia. Durante siglos han tratado de vendernos que aquí no había nadie, que esta era una tierra yerma y desolada, y que fueron castellanos, leoneses y portugueses los que la poblaron y repoblaron pero no es cierto: ellos sólo fueron las élites gobernantes, que nos trajeron sus idiomas y que un día hace ya casi novecientos años comenzaron a dividirla en dos.
A lo largo de la historia muchos son los que han pasado por nuestra tierra pero sólo deberíamos llamar antepasados a quienes la amaron y respetaron, a los que la sentían como su patria y no como una provincia y ,sobre todo, a los que la hicieron libre y defendieron su libertad.
Por tanto los batalyawsíes son nuestros antepasados y, por el mismo motivo, no podemos considerar como tales a quienes sólo vinieron a dominarnos y expoliarnos: es decir, castellanos, leoneses, portugueses y, por último, españoles.
 
Podríamos incluso considerar que, del mismo modo que Fenicia era sólo el nombre que los griegos daban a Canaán o Al-Andalus el nombre que los árabes dieron a la tierra de la que venían los vándalos, Extremadura es solamente el nombre que nos dieron nuestros vecinos y futuros invasores del norte y que ahora nos dan los españoles. Nuestro nombre bien podría haber seguido siendo Batalyaws.
 
Nosotros, los extremeños de ahora, 1000 años después, recordamos a los batalyawsíes. Porque su espíritu sigue vivo en nuestra tierra, su arquitectura sigue presente en nuestros pueblos y su cultura sigue presente en nuestras tradiciones. Porque no consiguieron borrar la huella batalyawsí es ahora nuestra tarea recuperarla y dignificarla.

Batalyaws ila al abad!
بطليوس إلى الأبد

La batalla (I)

Badajoz,02/09/2013
 
 Profesor Fernando Valdés


 
 
 
En una ciudad que celebra tantos aniversarios con tan poco fruto científico como aprovechamiento de las oportunidades de ganancia es sorprendente que pasase desapercibido –en 1986- el aniversario de la batalla de Zallaqa –o Sagrajas-, que no sólo tuvo una gran importancia militar, sino que colocó a Batalyús, por una vez, en el centro de la política peninsular. Es verdad, que la ganó una coalición de monarcas musulmanes y la perdió el rey de León, pero si celebramos el milenario del reino taifa, fuerza es congratularnos de sus victorias. ¿O, no? A ver si vamos a capitalizar en nuestro beneficio –creo que cultural- sólo los éxitos frente al resto de los musulmanes.
Se nos vería la patita por debajo de la piel de corderito. Volveríamos a demostrar que nos mueve el localismo y el nacionalismo más rancios y, muy poco, un espíritu abierto y tolerante.

Pues bien, resulta que, el 23 de octubre de 1086, una coalición de príncipes andalusíes, dirigida por el sultán de Marraqués, Yusuf ibn Tashufin, se presentó en Batalyús.
 
No formaban parte de ella –al menos en presencia- todos los reyezuelos taifas. Alguno se excusó. Tenía, como de costumbre, una agenda muy cargada. Y eso que el monarca almorávide había acudido a ayudarlos contra la presión, cada vez más insoportable y ventajista, de los príncipes neogóticos del norte de la Península. Unos –ricos, débiles y divididos- pagaban la protección de los otros y éstos empleaban el dinero en financiar la edificación de iglesias románicas y, en el caso de León, no sólo por devoción, sino para contrapesar la influencia de Roma, quien pretendía someter al reino no sólo  a su autoridad religiosa, sino  a sus dictados políticos. Eso era demasiado hasta para el rey de los leoneses.
 
El dinero de los árabes se empleaba sobre todo como contrapeso político. También para comprar mercancías de lujo en los mercados andalusíes del sur, y, en los principados meridionales, para contratar mercenarios cristianos que los ayudasen a mantener su autoridad –ilegítima- sobre sus súbditos y a defenderse de sus vecinos, los otros reyes de las taifas. Las llamadas parias o tributos eran el combustible que hacía funcionar un motor económico, religioso y político.

lunes, 24 de junio de 2013

Almorávides المرابطون

24/06/2013 - Profesor Fernando Valdés
Mapa muestra las zonas controladas por los Almorávides

De todas las épocas de Batalyaus la menos conocida es el período de los Almorávides, a comienzos del siglo XII, que entraron mal y salieron peor de esta región y, a la postre, de al-Andalus. Originalmente los miembros de ese movimiento procedían, más o menos, del norte del llamado Sahara Occidental y reciben su nombre porque se formaron en un “ribat”, un lugar –sin especial forma arquitectónica- al que se iba a hacer vida de oración y a luchar por la defensa del Islam. De movimiento religioso estricto pasaron a movimiento político y a crear una dinastía y un enorme imperio en África. 

Antes de pasar a al-Andalus como conquistadores, habían llegado como aliados de los ricos y débiles reinos de Taifas. 
Los ayudaron a vencer en Zallaqa/Sagrajas, pero se dieron cuenta de que aquellas dinastías ibéricas no eran capaces de unirse ante los enemigos neogóticos cristianos y, llegado el caso y por intereses particulares, hasta a aliarse con ellos. Finalmente vinieron en son de guerra y, poco a poco, fueron conquistando todo el territorio islámico de este lado del Estrecho.

La población los recibió muy bien. También los batalyusíes, que les abrieron las puertas de la ciudad. La clave era, como siempre, el dinero. 

Los soberanos de taifas necesitaban subir los impuestos para poder pagar los pesados tributos que les imponían los príncipes cristianos, a cambio de protección –en perfecta actitud mafiosa- y eso no gustaba en las ciudades andalusíes, que, además, no apreciaban a los disolutos personajes que ocupaban el poder en cada reino. 

A los Aftasíes les costó la cabeza –literalmente-, otros corrieron mejor suerte y acabaron sólo en el destierro, aunque no en la miseria. La posteridad ha llorado mucho por ellos, pero, en realidad, se lo merecían. Otra cosa es que los Almorávides se pasaron de frenada y acabaron, si no haciendo lo mismo que los taifas, si algo parecido. Siguieron siendo intransigentes, se hicieron arrogantes y no tardaron en subir los impuestos. 

Aunque más tiempo que nuestro actual gobierno. Les costó salir a uña de caballo; a los norteafricanos, a nuestros gobernantes tendrá que ser a uña de voto. 
En Badajoz queda un resto de aquella salida. Bueno, quedaba, porque está en Madrid sin utilidad conocida.

sábado, 22 de junio de 2013

Aftasíes

Badajoz , 20/06/2013  - Profesor Fernando Valdés 


Vuelve a invocarse el espíritu de los Aftasíes para conmemorar que Batalyaws, una ciudad desaparecida, fue importante durante casi un siglo. Habría que decir, mejor: tuvo ínfulas de importancia durante casi todo el siglo XI. Porque una cosa es que sus soberanos fuesen cultos –o eso se decía- y otra que la ciudad, sus habitantes, lo fueran. Algo que intentaron comprarse aquellos impostores, usurpadores de una autoridad legalmente solo reservada a los miembros de la tribu del Profeta, fue una genealogía. Quisieron convencer a sus contemporáneos a base de contratar a todo literato venal –o sea, casi todos- de su mucho más que dudoso origen árabe. 

Pero no lo consiguieron. Ellos eran beréberes, aunque, bien es cierto, llegados en los primeros momentos de la conquista de 711. 

Sólo los soberanos de la dinastía de Toledo podían compartir ese mismo honor, que unos y otros intentaban disimular. 

No por una cuestión de vanidad, que también, sino porque en el derecho político islámico ellos no tenían derecho a gobernar. En todos los conflictos, muy frecuentes, entre reinos, los batalyusíes siempre se alinearon en coaliciones antiberéberes, haciendo gala de grandes dosis de hipocresía. Se afeaba a los Ziríes, de Granada, o a los Birzalíes, de Carmona, su origen norteafricano, muy conocido porque pertenecían a grupos que habían pasado hacía muy pocos años a suelo ibérico, para servir como mercenarios en los ejércitos del desaparecido califato cordobés. 

En definitiva, con más o menos tiempo de radicación en al-Andalus, los Aftasíes eran beréberes, les pesase o no. 

Muy adaptados, eso sí, a las condiciones locales; pero, aun siendo musulmanes, sus coetáneos árabes los miraban por encima del hombro.

Muchas de las empresas de los monarcas Batalyusíes, si no la mayor parte, querían justificar su posición política y granjearse un estado de opinión favorable, en el intento de perpetuarse en el tiempo y de consolidar su poder. Nada nuevo, vamos. La jugada les salió mal. Con Badajoz no tuvieron nada que ver; nada. Esta ciudad nuestra se alzó sobre los despojos de la suya. Y, por cierto, está destrozándolos con admirable dedicación. Batalyaws y Badajoz no son lo mismo, sólo comparten solar y ruinas. Cada vez menos ruinas.

jueves, 30 de mayo de 2013

Pax Augusta

Badajoz 6/05/2013 Por el profesor Fernando Valdés 

foto Alberto Cordero

La investigación histórica, por mucho que a veces parezca repetitiva, produce en ocasiones, si no novedades deslumbrantes, hallazgos inesperados, que, además de la información que aportan a la hora de iluminar sucesos concretos, abren nuevas puertas y permiten iniciar sendas inesperadas. 

Es sabido que la discusión acerca del significado del término “Badajoz” ha dado lugar a muchas opiniones y a una larga discusión histórica, no sólo sobre su origen, sino sobre la posibilidad de que designara a una población romana anterior a la árabe. 

En la actualidad todos los autores parecen estar de acuerdo –gracias sean dadas al maestro Ramón Menéndez-Pidal- en que el término árabe “Batalyaws” se limitó a transcribir otro prerromano y en que no es la corrupción del latino “Pax Augusta”, usado por primera vez en 1490, para explicarlo, por el cortesano Elio Antonio de Nebrija. 

Eso ya lo he contado no hace mucho. Está claro que esa ciudad latina no existió nunca y que su nombre parece haber sido una mezcla llevada a cabo por el greco-latino Estrabón, quien combinó “Pax Iulia” (= Beja), con “Emerita Augusta” (= Mérida).

Pues bien, resulta que no fue un humanista castellano del Renacimiento quien primero igualó a Badajoz con la inexistente población romana. ¡Quién iba a decirlo! El primero en hacerlo fue, ni más ni menos, que el más importante de los geógrafos árabes, Abu-l-Fidá b. Ayyub, sobrino nieto del gran sultán Saladino, el reconquistador de Jerusalén. 

Aquél era príncipe, acabó sus días como gobernador de Hama (1331) y escribió una importantísima obra geográfica. ¿Cómo se le ocurrió a tan eminente autor, que nunca pisó al-Andalus, fijarse en Batalyaws y dar como correcta una identificación que, hoy, sabemos es inexacta? No tengo respuesta. 

Debió llegarle algún libro, quizás del propio Estrabón, y él estableció la identificación o, con más certeza, de algún colega árabe que, sin que sepamos su nombre, ya la había dado por buena. 

Vamos, un científico árabe se adelantó al humanista castellano. Acaso uno y otro consultaron la misma obra. No hay como publicar un libro para que, pasado el tiempo, lo acaben citando moros y cristianos.  ¡Anímense, que cualquier año pueden presentarlo en la Feria! 

lunes, 8 de abril de 2013

Abd al-Rahman Ibn Marwan


Badajoz , 08/04/2013 - www.lusipedia.blogspot.com



FUENTE: Manuel Terrón Albarrán. Extremadura Musulmana

Ibn Marwan es una de esas figuras señeras e irrepetibles de los fastos de la Extremadura musulmana que, junto a las de Mahmüd, al-Muzaffar, al-Mutawakkil o Geraldo Sem Pavor, componen ese intrépido y monumental retablo histórico de nuestros hazañosos siglos medievales.

Abd al-Rahman b. Muhammad b. Marwan, fundador de Badajoz y artífice de su capitalidad, sin cuyo antecedente no se hubiera producido como eje del reino aftasí —génesis de una concepción geohistórica cuyas contingencias políticas sobrevivirían permanentes— aparece, con su silueta errante y legendaria, como uno de esos hombres dramáticos que el destino coloca en el mágico e ininteligible juego de la historia: tal es la importancia que damos a nuestro personaje. Y lo hacemos convencidos de que, al escribir historia, estamos valorando no sólo unos acontecimientos —necesarios siempre a la primera persona del discurso— sino a sus resultados, no tan solo inmediatos sino futuros, porque esos son los que, en un encaro planetario de la historia, permiten que esta sea entendida en su más asombroso mensaje.

Dozy, que llamó a Ibn Marwan renegat audacieux, le dedicó algunas sabrosas páginas de su Histoire des musulmans d'Espagne; Codera hizo un detallado y completo resumen de sus hechos y su familia en su opúsculo Los Benimeruan en Mérida y Badajoz; Lévi-Provençal ajustó sus hazañas en su Historia de la España Musulmana utilizando pasajes inéditos de Ibn Hayyan; Sánchez Albornoz le dedicó dos densos y apretados capítulos de su obra El Reino de Asturias; Isidro de las Cagigas ofreció tensos pasajes de sus Mozárabes; el profesor cairota Makki, en su edición del Muqtabis II de Ibn Hayyan, aclaró en sus notas textuales algunos aspectos históricos y biográficos, y anunció un específico ensayo sobre la revolución del muladí en Orientalia Hispánica. Los cronistas musulmanes Ibn al-Qütiyya, Ibncldari, Ibn al-Atlr, Ibn Jaldün, Ibn Hayyan, nos han dejado completos y suficientes relatos sobre las vicisitudes de los Banü Marwán los que, con el aprovechamiento de los textos de Ibn Hayyan no traducidos aún, nos permiten ajustar no poco los movimientos y escenarios por donde el intrépido cabecilla anduvo. No contamos, empero, por estar desaparecida, con la crónica dedicada a nuestro personaje por al-iRazi, contemporáneo de los Banü Marwan, de la que da cumplida noticia la Risála fl fací al-Andhlus de Ibn Hazm. Algunas noticias escuetas de los acontecimientos nos dieron los cronistas cristianos: el Albeldense, el Chronicon Lusitano, el de Sampiro y Ximénez de Rada.

Los cronistas y autores llaman a Ibn Marwan, al-Yilliql, es decir el gallego. Al-Dabbi señala que Ibn Marwan era hijo de Marwan al-Yilllql nombre que tomó de su país, lo cual no quiere decir que Ibn Marwan fuera oriundo de lo que hoy conocemos por Galicia, pues si los geógrafos musulmanes nunca llegaron a distinguir netamente Galicia, los historiadores árabes incluyen bajo la denominación de Yilllqíyya tanto a Galicia como Asturias y el reino de León. Por tanto, lo que viene a significar todo esto es que el más próximo ancestro, en todo caso, de nuestro personaje procedía de los reinos cristianos. Se ha entendido por algunos historiadores que el hecho de que apareciera en Marida un primer Yilllql, impide que tal apodo recayera en nuestro Ibn Marwan por su alianza con el asturiano Alfonso III. Ya Dozy, y más tarde Simonet hicieron esta acotación, mientras Codera había hecho la otra; el historiador badajocense Martínez y Martínez se guió de Dozy, y tuvo a mano una nota posterior de Codera, proporcionada por Saavedra que le hizo rectificar. Pero en este punto, a pesar de todo y de lo contradictorio que pueda resultar su texto, Ibn Jaldun lo expresó con una claridad tajante en un texto que viene a decir, tras la sublevación de Ibn Marwan en el 868, que al efectuarse —por el emir Muhammad— una expedición militar contra los gallegos, uniéronseles los muladíes (a Ibn Marwan) con quienes se dirigió a la frontera y pactó con Alfonso III, rey de dichos gallegos, causa por la cual a Ibn Marwan se le aplicó el apodo de el Gallego. El otro sobrenombre, al-Maridí, evidencia que era de Mérida. Desde tiempos atrás debió establecerse en esta ciudad su familia, oriunda, sin duda, de los pagos cristianos del Norte de Portugal, o de cualquier otro espacio de los reinos de León o Asturias.


Ibn Marwan al Yilllql era un muwallad, un muladí, es decir un renegado de su religión que, mediado el siglo IX, vivía en Mérida y al que, bien pronto, debió brotarle ese sentimiento de rebeldía e independencia que centelleaba en el alma tensa y abrupta de los extremeños. Volvería con él, nunca fue olvidado, ese dramático nacionalismo de raza y paisaje que alentaba en el miajón de los terruños del Guadiana, y que reverdecía en inversa proporción a las represiones omeyas; Cagigas compara el sentido patriótico de la sublevación de Marwan, de cuño nacionalista, con aquel que presidió la postura de Suintila o los mozárabes toledanos. Encontraba Ibn Marwan una vez más en Mérida esa población abigarrada de beréberes levantiscos, muladíes aventureros, judíos cosmopolitas y mozárabes cuyo hispanismo se mantenía llameante. Supo el intrépido caudillo aprovechar los arraigados nudos religiosos de cada facción y mixturarlos en una urgente y maniobrera combinación política. Codera al que siguieron Cotarelo y Martínez y Martínez, uncido este más literalmente a Simonet, señaló unos posibles yerros de Dozy continuados por Simonet que rectificó enseguida, al interpretar pasajes de Ibncldarl e Ibn Hayyan según los cuales nuestro personaje predicó entre sus adeptos, para conseguir sus fines, una nueva religión, término medio entre islamismo y cristianismo.

No podemos, a la luz de nuestras fuentes cronísticas, precisar con justeza la frontera religiosa flanqueada por Ibn Marwan entre secuaces de tan dispares convicciones. Pero no dudamos en que el muladí emeritense hubo de apoyarse en compleja base político-religiosa que permitiera una cohesión suficiente para asegurar sus difíciles éxitos. Tal fuerza de cohesión es señalada por los propios cronistas: los graves acontecimientos dentro del Islam que dice Ibn al-Qütiyya no parecen indicar otra cosa. Isidro de las Cagigas más recientemente resucitó el tema, afirmando esta iniciativa y actividad religiosa a la vista de la configuración ideológica de aquel tiempo, lleno de indecisiones y errores heréticos, confundidos y mezclados entre musulmanes y cristianos; ensayos y reformas hoy disparatados, no se tenían entonces por tales. Prueba concluyente del coherente movimiento de Ibn Marwan fue la larga duración de su principado a pesar de las violentas represiones omeyas.

Es indudable que uno de los grandes apoyos del bravo muladí, el que era un neomusulmán, un muwallad, fueron precisamente los cristianos. Veremos más adelante como cristaliza este apoyo. No sólo se sirvió de ellos en sus filas sino que además se alió con Alfonso III y llegó a combatir a su lado. Esa es la razón por la que Ibn Hayyan escribía que se alejó de las filas musulmanas para entrar en las de los cristianos. Prefirió su amistad y su alianza a la de los fieles que se dirigen en sus oraciones hacia la qiblah..., para añadir seguidamente este texto expresamente significativo: su política estaba orientada en sentido netamente español, es decir, daba preferencia a los muladíes y los prefería a los árabes. Quedan así ratificadas las palabras de Ibn al-Qütiyya de que llegó a ser el jefe de los renegados en el Occidente. Pero Ibn Marwan se acomodó, no obstante, a los cambios oportunos. Cuando obtuvo licencia para reedificar Badajoz se pasó otra vez a las filas islámicas y luego volvió a la rebeldía.

Los cronistas musulmanes nos ofrecen un duro y expresivo retrato de nuestro personaje, pasado, naturalmente, por filtros no poco parciales. Pero sus textos descubren la energía, el talante guerrillero, la astucia y sagacidad de un hombre que había de batirse errante y a diario, ora atrincherado en los baluartes roqueros de la Baja Extremadura, ora en correrías desatadas por los ásperos caminos andaluces, con un enemigo poderoso e implacable. Ibn al-Qütiyya dice que era agudo, artero y perspicaz para la guerra en tal extremo que no había quien le aventajase; Ibn Hayyan le calificó de una malignidad tan insuperable que cualquiera podía gemir ante su mirada, y en otro pasaje que tenía fama de caudillo temible, sus noticias eran muy celebradas y sus ataques dejaron un saldo desfavorable en su conjunto. Sus actos crueles le valieron gran reputación y respeto entre los emires sus rivales, que terminaron por colocarle por encima de ellos.

lunes, 18 de marzo de 2013

HISTORIA


Badajoz , 11 / 03 / 2013  Profesor Fernando Valdés

                             Foto : Alberto Cordero

Ya se acerca la Feria del Libro. Si el tiempo lo permite, además de celebrarla, creo que vamos a poder asistir a algún acontecimiento editorial. No digo más. Aparecerá un libro relacionado con la historia de Badajoz que hacía falta. Tiene relación, entre otras cosas, con el nombre de nuestra ciudad, que fue cosa muy debatida en otros tiempos, por mor de las primacías diocesanas. Beja y Badajoz pelearon o, mejor, sus canónigos, por atribuir a una u otra la situación de las romanas “Pax Augusta” y “Pax Iulia”, o las dos. Había que encontrarle a la población una progenie romana, que era lo que molaba.

El nombre Badajoz sería la corrupción de uno u otro y los culpables de semejante descalabro filológico, los árabes. No iba a ser menos. Pero hubo arabista, o árabe de origen, que pretendió, con la misma falta de argumentos, que Badajoz era la corrupción –esta vez debida a los invasores neogóticos- de “bab al-yawz”, la puerta del nogal. Y eso sin que nadie supiera dónde quedaba semejante acceso, ni por qué un nogal en vez de, por ejemplo, un ailanto. Árbol emblemático donde los haya. Aquí crecen solos sobre cualquier monumento, con frenesí encomiable y sin reacción municipal aparente.

Pues, volviendo a lo nuestro, ni latinistas, ni arabistas tenían razón. Fue el insigne historiador don Ramón Menéndez-Pidal quien dio en el clavo. La palabra es prerromana. Que es como decir perteneciente a un pueblo desconocido. Alguien pensaría que eran celtas, pero eso, entusiasmos aparte, está por demostrar. Y tampoco sabemos qué significaba. Vamos, que sólo sabemos que no sabemos.

Yo podría aventurar que Badajoz significaba, en su forma primigenia, “lugar donde abundan los historiadores”. Seguramente estaré confundido. Creo que los almohades ya tuvieron problemas porque una asociación de Amigos de Batalyús se quejó al califa de que, con su ampliación, estaban destrozando la hermosa alcazaba de los aftasíes. ¿Dónde vamos allegar con tantas rehabilitaciones?, decían, en árabe. - Claro, como son almohades se pasan la Ley del Patrimonio que nos dejaron los califas omeyas  por el arco de herradura. Apuntada, por supuesto.

miércoles, 17 de octubre de 2012

LA EXTREMADURA MEDIEVAL ISLÁMICA

Fuente :        http://recursos.educarex.es/

                                                              Foto : oto

La rapidez de la conquista de la España visigoda por los musulmanes queda evidenciada en nuestra región por la toma en el año 713 de Mérida, que constituía la única plaza de interés estratégico en la zona. A partir de ese momento, la presencia musulmana en Extremadura se prolongaría durante medio milenio, hasta principios del siglo XIII, época en que los avances de la reconquista cristiana por el oeste peninsular, integran a Extremadura definitivamente dentro de los reinos de Castila y León, unidos bajo el reinado de Fernando III (a partir de 1230).

“Si Mérida había sido la ciudad más importante de la época romana, será Badajoz la que cobre mayor relevancia durante los siglos de dominación musulmana. Extremadura se convertiría en la tierra fronteriza entre dos mundos, el cristiano y el árabe, donde se alzaron murallas, alcazabas, castillos y fortificaciones. Las órdenes militares (los Caballeros Templarios, la Orden de Alcántara y la Orden de Santiago) desempeñaron un papel muy destacado en la Reconquista y posterior repoblación, cuando Extremadura se incorporó al reino de Castilla y León.”

Por supuesto, a lo largo de esta etapa se suceden una serie de fenómenos y acontecimientos que podemos agrupar en los siguientes momentos históricos:

Dominio musulmán pleno.

Entre el año 713 y los inicios del siglo XII los territorios extremeños evolucionaron de una forma similar a los del resto de la mitad sur de la península, pasando por las etapas de Emirato y Califato de Córdoba, la fragmentaron de las taifas, la reunificación almorávide, etc. A lo largo de estos siglos Extremadura quedó bajo el dominio musulmán hasta que en los albores del siglo XII se inicia la reconquista de la región desde los reinos cristianos de León y Castilla

De los primeros años de la conquista se sabe que la presencia de árabes fue muy escasa frente al predominio de contingentes de bereberes norteafricanos, que llegaron en varias oleadas y se asentaron por todo el territorio extremeño. Durante los siglos VIII y IX se mantiene una estructura social y religiosa de convivencia de tres estructuras culturales; cristianos-visigodos, musulmanes-árabes y bereberes–musulmanes.

El cambio de la situación política acaecido en el año 756, primero con la instauración del Emirato de Córdoba, y posteriormente con la continuación del llamado Califato, suponen para las tierras extremeñas una etapa histórica de tranquilidad bajo la dependencia política de esta entidad. Gran parte de su territorio actual quedó encuadrado en una de las provincias fronterizas del estado musulmán, llamada Al-Garb, que venía a coincidir con la antigua provincia romana del la Lusitania.

De esta época cabe destacar algunos aspectos:

- la presencia de población bereber y árabe siguió siendo minoritaria, y el mayor porcentaje de sus habitantes pasó a ser el de los muladíes (cristianos convertidos al Islam) y el de los mozárabes (población islamizada pero de religión cristiana).

- La construcción o reforzamiento de alcazabas, atalayas y recintos amurallados para defender la región de los ataques procedentes de los cristianos del reino de León, hacia la mitad del siglo IX. Buenos ejemplos de estas construcciones de tipo militar lo constituyen los que se conservan en Mérida, Badajoz, Trujillo, Albalá etc.

- La prosperidad y riqueza de Córdoba se hizo patente también en la región: surgen numerosas poblaciones, que conservan su topónimo árabe, se introducen nuevos cultivos, se fomentó el comercio con multitud de ferias y mercados y, en general, la región conoció un período de bonanza económica y de progreso material y cultural.

Sin embargo, la unidad política del territorio islámico, se romperá a partir del califa Hissan III (1031), fragmentándose Al-Andalus en multitud de pequeños reinos que sustituían al califato. Es precisamente en el territorio extremeño donde se desenvuelve uno de los más importantes de esta nueva etapa histórica, teniendo como centro a la actual ciudad de Badajoz (la Batallyws árabe), enclave que durante el esplendor del califato se había desarrollado más que Mérida. Parece ser que los inicios de este reino taifa hay que buscarlos ya en los albores del siglo XI, a partir de de la deposición de las autoridades califales por un personaje llamado Al-Aftás, que proclamó su independencia instaurando la dinastía Aftasí, nombre con el que se conoce a este reinado. El territorio que controlaba el reino aftasí ocupaba fundamental mente la Extremadura noroccidental, la provincia de Badajoz y su prolongación hasta la costa atlántica por Portugal. Su independencia se mantuvo hasta finalizar el siglo XI, cuando los invasores almorávides asesinan al último de los descendientes aftasíes.

No obstante, una nueva invasión de pueblos procedentes del norte de Africa va a acabar con la desintegración de las taifas haciéndolas desaparecer y entre ellas sucumbe la de Badajoz. El territorio ibérico musulmán volvió a unificarse bajo el imperio de los almorávides (que gobernaron al-Andalus desde 1090 hasta, aproximadamente, 1146) y de los almohades (cuyo dominio se inició en 1147 y comenzó a llegar a su fin en 1212, tras su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa).

“Durante el dominio árabe, Badajoz alcanzó un gran esplendor en tratados de historia, medicina y poesías líricas, y entre los escritores pacenses del momento se encontraban Jonás ben Abdalos (siglo X), Almuffar Said ben Aftas (?-1063) y el príncipe, poeta y creador de una gran biblioteca, al-Qabturnuh y su hermano, Abu l’Hasan.”

Dominio compartido con los reinos cristianos

en expansión por las tierras de las Extremaduras (territorios entre el Duero y el Sistema Central). Se refiere fundamental mente a dos momentos, relacionados con el siglo XII y con el XIII respectivamente.

La primera, aunque efímera conquista cristiana en territorio extremeño, tuvo lugar tras la toma de Toledo, en 1085, con la conquista de Coria por Alfonso VI, pero su expansión hacia el sur fue detenida en Sagrajas, cerca de Badajoz, lo que obligó al repliegue de los castellanos hacia el norte. Años más tarde, en 1143, Alfonso VII ocupó de nuevo Coria, esta vez más permanentemente, y la ciudad sirvió de punto de partida para incursiones cristianas en el territorio. La muerte de este rey, con la nueva división de sus estados entre sus dos hijos (León para Fernando II y Castilla para Sancho III) suponen una doble vía de reconquista en Extremadura, acordada en el tratado de Sahagún por cuanto su territorio situado al este quedará englobado en la zona de expansión de Castilla mientras que su lado occidental pertenecerá al reino de León, sirviendo la antigua calzada romana de línea divisoria de norte a sur. A partir de la segunda mitad del siglo XII, los leoneses protagonizan importantes campañas en las sierras del norte de Extremadura, partiendo de Ciudad Rodrigo, alcanzándose Alcántara en el año 1167 y después Cáceres. Paralelo a este avance, el reino cristiano de Portugal había logrado asediar Badajoz, aunque el rey leonés impidió su conquista. En los mismos años, el rey Castellano Alfonso VIII, desde Toledo, se asegura el dominio del territorio del Jerte, refundando la ciudad de Plasencia en 1189, concediendo a esta ciudad el dominio de una importante extensión de tierras que incluían los valles del Jerte, del Tiétar, Navalmoral y algunos pueblos de Salamanca y Ávila. A continuación se ocupó Trujillo y se inició la reconquista de la Serena. Sin embargo, estos avances duraron poco, pues la nueva oleada invasora de los Almohades supuso que las plazas y territorios ocupados por los cristianos en Extremadura pasaran de nuevo a ser dominio musulmán, excepto las zonas más al norte de la misma.

La segunda y definitiva fase de la reconquista en tierras extremeñas tuvo lugar el las primeras décadas del siglo XIII. De nuevo un acontecimiento político influyó en este proceso; ante el peligro del mundo islámico, los distintos reyes cristianos de la península se unieron para luchar contra el peligro árabe. En la conocida batalla de las Navas de Tolosa en el año1212, en la que fueron derrotados los almohades, se dio paso a una nueva correlación de fuerzas que permitió a partir de entonces la progresiva y rápida reconquista de Al-Andalus, salvo el reino de Granada. Desde 1213 se reinicia el proceso de ocupación en Extremadura por parte leonesa con Alfonso IX y, tras la reunificación de Castilla y León con Fernando III, las campañas militares se unifican ya bajo el reino de Castilla. Finalmente Extremadura queda incorporada al reino castellano plenamente desde la segunda mitad del siglo XIII.